No hay mejor representación de la felicidad, de la consciencia del presente, que la de un músico tocando. Mientras tocan se pinta en su cara el disfrute del aquí y del ahora.
Una cadena
por ladydragon

Clavo de hierro
Suele suceder que los escritos que están poblados de adjetivos, que no dejan de ser explicaciones a los sustantivos que acompañan, no muestran acciones sino que las dicen (el famoso «no lo digas, muéstralo», de Henry James), lo que provoca que el autor necesite explicar lo que ha pasado en el desenlace, pero no lo tendría que aclarar si lo hubiera mostrado y, probablemente, lo mostraría mejor si no utilizara tantos adjetivos.
Es una cadena que se sustenta en lo cómodo. Los adjetivos son como los clavos: hay muchos; y es fácil sacarlos de la caja de herramientas, son el recurso que tenemos más a mano; pero su utilización indiscriminada no ayuda a clarificar una escena, a que el lector la presencie, porque, en vez de clavarlos con precisión, se los estás tirando a la cara a quien te lee, y así es difícil enterarse de nada.
Se me ocurre una máxima: a menos adjetivos, menos explicaciones.
Perplejidad
por ladydragonUna lee sobre el Google Glasses justo después de desayunar mientras saboreaba ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Dick, y solo se le ocurre negar con la cabeza y pensar que vivimos en la ciencia ficción de hace treinta años. ¿Dentro de treinta años vivirán la ciencia ficción que escribimos hoy? Si es así, estoy con Stephenson: empecemos a crear utopías, por si acaso
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Entre improbables e imposibles
por ladydragonLa diferencia entre un elemento improbable y uno imposible radica en que lo improbable puede ser explicado con las leyes de la naturaleza conocidas: es raro que suceda, pero puede pasar que una loba amamante a un bebé recién nacido, por ejemplo. Sin embargo, un hecho imposible es aquello que no puede ser explicado por la naturaleza o por la lógica humana: como un espantapájaros que cobre vida y se arrastre por el jardín de una casa hasta el dintel de una ventana.








