Inés Arias de Reyna

Campo de entrenamiento

Publicado por el 11 enero 2012 | 0 comentarios

Tal y como concibo la escritura, para mí es impensable un escritor que no lee. En realidad soy más extremista todavía: no comprendo que alguien no lea, como tampoco entiendo la vida apagada y gris en la que no se buscan experiencias nuevas. Para mí, una vida sin lectura es gris. No sé si mejor o peor, pero desde luego tiene menos colores.

Dicho esto, hablaré ahora desde mi visión como profesora. Uno aprende a escribir con la pluma (teclado, bolígrafo o lápiz) y a base de pruebas y errores. Una vez terminado un texto, vemos si funciona o no. Si es lo segundo, nos preguntamos por qué e intentamos solucionarlo en ese texto o aplicar lo aprendido en el siguiente. Pero para llegar a esto uno tiene que aprender a «mirar» su propio texto, es decir, a analizarlo. El problema es que solemos estar tan cerca de nuestros relatos (sobre todo al principio) que el análisis objetivo se convierte en un viaje sin retorno. ¿Cómo aprender entonces a corregir? Empezando con textos ajenos.

Si cada vez que leemos un libro o un relato de otro autor, nos preguntamos qué nos ha gustado o por qué no nos ha convencido la historia, iremos perfilando esa mirada y llegará un momento en que seremos capaces de transportarla a nuestros escritos.

Es decir, necesitamos de las obras ajenas para comprender las propias. Son una especie de campo de entrenamiento.

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