Inés Arias de Reyna

Semblanza de Cristina Fernández Cubas

Publicado por el 12 febrero 2018 | 0 comentarios

Cristina Fernández Cubas nació en un pueblo de la costa catalana, Arenys de Mar, hace setenta y tres años. Estudió en Barcelona Derecho y Periodismo, profesión esta última que ejerció hasta que decidió dedicarse en exclusiva a la literatura. Una dedicación que le ha servido para convertirse en uno de los referentes indiscutibles del relato en español. Es la maestra del cuento, de lo extraño y de lo inquietante. Publicó su primer libro de relatos en 1980, Mi hermana Elba, y, desde entonces, ha cosechado, además del aprecio del público y el reconocimiento de la crítica, galardones como el Premio Nacional de Narrativa (2016), Premio de la Crítica (2015), Senetil (2006) o el Ciudad de Barcelona (2009). Es, sin lugar a dudas, una de las voces más peculiares y fascinantes de la literatura española. Y escribe, sobre todo, literatura fantástica (fantastique).

Curiosidades:

  • Tuvo una niñera que le contaba cuentos de terror.
  • Cuando ejercía de periodista, vivió en El Cairo, Lima, Buenos Aires, París y Berlín.
  • En 1989 Cristina Andreu dirigió Brumal, película basada en Los altillos de Brumal.
  • Estuvo siete años sin publicar (salvo un recopilatorio de sus relatos) después de sufrir la pérdida de su marido.
  • Rompió ese silencio en 2013 con La puerta entreabierta, aunque decidió publicar bajo el seudónimo Fernanda Kubbs.
  • Sus obras han sido traducidas a diez idiomas.

Escucha la entrevista que le hicimos a la autora el periodista Rafa Turnes y yo misma, en el marco del  I Congreso Internacional Visiones de lo Fantástico, organizado por la Universidad Autónoma de Barcelona y celebrado en noviembre de 2012.

Bibliografía

Vacío

¿Por qué en el Masajonia todas las habitaciones tienen el número siete?

La pregunta se refiere al relato «La fiebre azul», el primero de los tres que componen el tomo.

Creo que con este recurso, Cubas consigue matar dos pájaros de un tiro:

En primer lugar, nos despierta el interés, puesto que el hotel deja de ser un alojamiento habitual y se transforma en uno en el que las habitaciones no se distinguen por los números, sino por la forma de estos: «Hay sietes de latón, de madera, de hierro forjado, de arcilla... Hay sietes de todos los tamaños y para todos los gustos. Historiados, sencillos, vistosos y relucientes o deteriorados e incompletos». Esta descripción dice mucho del hotel y de la atmósfera que se vive en él y que respiraremos durante todo el texto.

En segundo lugar, crea ya un cierto extrañamiento en el lector no solo al hotel sino también al resto de la historia. Un primer paso para aceptar lo que va ir ocurriendo a lo largo de la historia. Digamos que es la primera vez que el lector en este texto se dice «qué raro». De esta forma, al final, de tantas cosas raras, aceptaremos el elemento fantástico, el que realmente rompe con la idea de realidad que tenemos y que transforma una historia realista (pintoresca, pero realista) en una fantástica.

¿Por qué crees que ambienta «La fiebre azul» en África?

Mi sensación es que decide llevarlo a ese paraje exótico y alejado para dar más credibilidad al elemento imposible, a ese maleficio inexplicable que es el Heliobut. La ambientación del áfrica negra vista por los ojos de un hombre blanco además ayuda también a construir la extrañeza por lo que ve, por las costumbres de los demás personajes, por el espacio mismo, lo que da pie a que aceptemos como corriente («será que allí es así») algo que en verdad es impropio.

¿Cuál es el giro que se produce al final del relato «Parientes pobres del diablo»?

Hasta ese momento (el del giro final) reconozco que la historia me estaba resultando hipnótica, pero un tanto aburrida (no llegaba a captar mi interés con la misma intensidad que el primer relato, que me dejó totalmente cautivada). Sin embargo, cuando me di cuenta de lo que se escondía agazapado entre líneas, cobró una dimensión mucho más interesante.

¡Cuidado! ¡Llega la destripa textos!

Si no has leído el relato, te recomiendo que no continúes la lectura, porque voy a destripar lo fundamental:

El giro que se produce es el de la percepción que teníamos hasta el momento de la protagonista. Nos ha ido mostrando cómo son los parientes pobres del diablo, que entre otras cosas ignoran que lo son, y que yo traduje (y esta es mi impresión personalísima) a esa gente tóxica, pero embaucadora, que, una vez te la quitas de encima, sientes un enorme alivio. Cuando llegamos al final, nos damos cuenta, al mismo tiempo que ella, de que la narradora y protagonista es una de esas personas.

¿Qué te ha parecido la protagonista del último relato?

En esta ocasión, me refiero a «El moscardón».

Por mi parte, tengo sentimientos encontrados con este personaje. Por un lado, me encanta encontrarme protagonistas femeninas de edad avanzada, que hayan superando los cincuenta, pero que no sean ancianas abuelitas o malvadas brujas. Es muy raro toparse con una mujer así en literatura. Por otro lado, me cayó mal desde el principio (y que creo que es la intención de la autora); y eso en sí mismo también es maravilloso, porque mujeres viejas, malhabladas, malencaradas, pero con aristas, con sus sombras y también sus luces, tampoco es habitual encontrárselas. En defintiva, personajes femeninos maduros, redondos, creíbles, verdaderos.

Algo parecido, por cierto, me ocurrió con Helena Guerraro, la protagonista de El color del silencio (2017), de Elia Barceló.

¿Es fantástico «El moscardón»?

Sin duda juega con los límites todo el tiempo: mezcla la ensoñación con la realidad, desdibujando sus fronteras. Nos muestra a una anciana con claros signos de demencia, que se entretiene en su propia soledad (apenas la visitan los sobrinos, a los que adora) viajando a lo que fue y lo que no fue su vida.

Yo diría que no es fantastique, porque no hay elemento imposible al final. No obstante, el juego entre los márgenes hace que podamos percibirla como tal, puesto que comparte muchos recursos propios del género.

¡Cuidado! ¡Llega la destripa textos!

Finalmente se muere, con una frase final bellísima: «Y reemprende el paso. Despacio. Muy despacio. No tiene prisa. Sabe que ya nadie se atreverá a interrumpir su sueño. El verano no ha hecho más que empezar. Y la noche, esta vez, no acabará nunca». Pero no nos desvela si Rubén ha ido o no con ella, tendremos que decidirlo cada uno de nosotros.

Desde luego, es un desenlace tierno (cómo no me va a despertar ternura esa anciana, aunque me haya caído mal durante el resto de la lectura) y duro al mismo tiempo (no me gustaría acabar tan sola, con los recuerdos y las fantasías tan mezclados que no reconozca dónde estoy; o sí, no sé, igual esta es una muerte más dulce que la de aquella persona que es consciente del proceso).

Otras entrevistas realizadas en otros medios

En El País

Cristina Fernández Cubas: «Importa lo que se dice y lo que se oculta».

En Mercurio

«Un buen relato debe seducirte y suspender el tiempo a tu alrededor.»

En El Cultural

«Ítaca es un estado de ánimo.»

Próxima entrada en #UnAñoAutoras

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest