Lady Dragona

Inés Arias de Reyna

Dos caras de una misma moneda

Escrito por el 25 abril 2011 en De géneros fantásticos | 3 comentarios

El lago de Sanabria en invierno es un lugar extraño. Habrá a quien le resulte desagradable que los árboles desnudos acechen a los caminantes con las ramas retorcidas, como muertos vivientes que se acercan a sus víctimas. A mí, sin embargo, esos robledales que lo circundan me dejaron prendada, quizá por la necesidad de oscuridad que a veces una necesita para recordarse que hay luz. El bosque se rodea de arbustos, más desvencijados de hojas que los árboles, y zarzas que convierten el conjunto en un amasijo de ramas que cobijan sombras, que se retuercen según los ensueños de quien las mira. Es en paisajes como este donde se me escapa la palabra «fantástico», con «o», enredada en los contraluces que atraviesan los robles.

Laga de Sanabria

Lago de Sanabria. Foto de Rafa Turnes.

Pero, si he de dedicarme a «fantástica», con «a», mis pensamientos vuelan a donde Pirene fue enterrada por los brazos de Hércules. En el valle de Pineta, si mi memoria no se equivoca, pude ver por primera vez un dragón dormido. Una montaña despellejada, sin apenas árboles o arbustos que la cubrieran, del color grisáceo de la caliza, con las patas traseras dobladas en una majestuosa siesta y las delanteras extendidas para proteger un pequeño valle recorrido por el Cinca y sumergido en él uno de aquellos pueblos que fueron expropiados para que las aguas de un embalse nunca lo anegaran.

Fantástico o fantástica. Si significaran lo mismo, ¿por qué evocan en mí lugares tan dispares? Un valle en el que la belleza envuelve los ojos, como en los cuentos de hadas, o un lago que se enreda en la fealdad de las ramas desnudas, como en una de aquellas historias de fantasmas del siglo XIX.

¿Son distintos, por tanto? ¿Son cosas diferentes, aun significando lo mismo según el diccionario? ¿Tan larga es la distancia entre el masculino y el femenino que los aparta el uno de la otra?

Si yo dijera que «fantástica» trae consigo el mundo de lo maravilloso, de las fábulas, de la épica; mientras que «fantástico» rememora lo insólito, lo enigmático, lo extraordinario; ¿no estaría separando en dos lo que es por naturaleza uno?

Es cierto que lo maravilloso me lleva a ver a las ninfas danzando en el Cinca, a los pies del dragón-montaña; pero si pienso en los robles de Sanabria, retorcidos por un viento gruñón, no puedo evitar alojar en su interior a una dríada, quizá algo menos cantarina que la que habita un álamo, pero no por ello menos fabulosa.

También lo insólito se propaga en mi mente cuando rememoro el paseo por Ribadelago, que en 1959 fue arrasado por las aguas que rompieron la presa de Vega de Tera y que se llevaron con ellas a 144 almas que moran hoy en el fondo del lago sanabrés. Pienso en ello e imagino a esas ánimas surgir por la orilla en busca de sus antiguas casas, de sus familiares. Pero ello no me impide que, al pensar en el valle de Pineta, no vea a una joven parar en un mirador, asombrarse por el parecido de una montaña con un dragón dormido, y convertirse en piedra caliza, mientras un coche que pasa por la carretera comarcal se sale por la cuneta. Veo al conductor cómo balbucea ante la guardia civil, y cómo señala un montón de arenisca que se lleva el viento, allá donde antes estuvo la muchacha apoyada en el mirador.

Fantástico y fantástica. Literatura de lo fantástico o género académico. Literatura fantástica o género popular. ¿No son acaso lo mismo? ¿No llevan un mismo nombre, femenino o masculino, porque en el fondo designan una misma moneda? Sean quizá caras distintas, pero la misma moneda al fin y al cabo.

Por mucho que mi imaginación vire, lo mismo le da una que otra, puesto que ambas me llevan a un mismo lugar de salida: me hablan de lo imposible, de aquello que no tiene explicación racional, de ese plano de nuestro mundo de fronteras perfectamente delimitadas en donde perdemos el control y dejamos que nuestra fantasía vuele, bien hacia la luz o bien hacia las sombras.

3 comentarios

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  1. Rafa

    he sido yo el primero en comentar??? oe oe oe oe

  2. ladydragon

    Parece que sí, como tiene que ser, que para eso has sido el artista invitado de esta entrada ;).

  3. Vicente

    En su ley de los isomorfismos, Bertalanfy afirmaba que se pueden trasladar leyes de la ciencia de unos campos a otros que tienen similitudes estructurales.
    Si hablamos de cambiar una letra para pasar de “fantástico” a “fantástica” ¿porqué no iba a ser diferente su efecto molar?. ¿No sería como la traslocación de un gen dentro de un cromosoma? Si las palabras son cromosomas del lenguaje, ¿acaso con una letra no has cambiado la expresión de ese gen del significado, como disponer si un niño va a ser rubio o moreno?. Lo que me lleva a pensar que crear palabras es jugar a ser Dios (si utilizamos la misma ética). Pero tú juegas con ellas y creas mil ilusiones, porque las palabras también mutan y tú conoces bien su ciencia.
    Eso es lo que creo que pensaría Bertalanfy y no descarto que, siendo agnóstico, sea también lo que pienso yo.

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