Lady Dragona

Inés Arias de Reyna

El aprendizaje de la escritura

Escrito por el 15 mayo 2013 en De escritura en general | 7 comentarios

Durante el aprendizaje de la escritura, el aprendiz suele sufrir una serie de cambios en la concepción de su propia obra que podríamos comparar a los estados de la materia: gaseoso, sólido y líquido.

Cuando comenzamos en un taller —lugar en el que se evidencia esta situación, pero no exclusivo para que se dé—, solemos llegar en el estado gaseoso. Esto es, disfrutamos con lo que escribimos, pero no somos conscientes todavía de cómo conseguimos los resultados que obtenemos, porque ignoramos cómo manejar los recursos necesarios para construir una historia: muchos de estos recursos los utilizamos sin saber que lo hacemos y muchos otros no los introducimos en nuestros escritos porque desconocemos su existencia. Vivimos en el estado gaseoso de la ignorancia, envueltos en una aureola de disfrute y de desconocimiento.

Cuando yo me encontraba en ese estado, recuerdo que escribía con una libertad inaudita —tan inaudita como solo puede llegar un adolescente a vivir la libertad—: escribía páginas y páginas, y siempre me sentía orgullosa del resultado; al terminar cualquier relato me henchía de orgullo y sonreía con satisfacción porque todo lo que escribía era meritorio del Nobel.

(Quizá la primera lección que uno aprende en el camino de la escritura es de humildad; una lección, todo hay que reconocerlo, que algunos escritores nunca han llegado a asimilar.)

Pasadas las primeras sesiones del taller —o las primeras críticas constructivas y sinceras—, el aprendiz comienza a hacerse consciente de sus limitaciones. Ve sus errores pero todavía no es capaz de subsanarlos, por lo que la sensación es de inmovilidad, incluso los hay que sienten que involucionan, que en vez de mejorar sus escritos empeoran. Cuando uno lo ve desde fuera —desde la cómoda posición del maestro—, sabe que no es cierta esa «involución» y que, justamente, el alumno que siente esto es el que está a pocos pasos de dar un salto de gigante en su aprendizaje. Porque la evolución viene de la mano de la consciencia de los errores que uno comete: una vez que los ves, no te queda más remedio que buscar la forma de mejorar.

El problema es que, en el momento en el que uno se hace consciente de todos los fallos que comete —o, al menos, de los más importantes—, aparece una rigidez ante el proceso creativo. Se mina el campo de la intransigencia y de la flagelación: «que mal escribes», «siempre cometes los mismos fallos», «no vas a mejorar nunca», «mejor que lo dejes» y un larguísimo etcétera de comentarios tan poco constructivos como, las más de las veces, exagerados e inciertos.

Ayer mismo, una alumna de un curso presencial me decía, con lágrimas en los ojos, que sentía que no avanzaba. Antes de responderla me sorprendí, para mis adentros, porque creo que, de su grupo, es una de las alumnas con más talento y, lo que es más importante, de las que están aprendiendo a marchas forzadas. «Es normal —le dije— que te sientas así, porque ahora ves los fallos que antes no sabías que cometías. Ahora ya solo te queda encontrar las herramientas para corregirlos». Sus ojos, además de un conato de lágrimas, contenían el deseo de que esto fuera verdad, pero la duda, al mismo tiempo, de que alguna vez lo lograra. Me acordé entonces de la época en la que yo pasé del estado gaseoso al sólido.

De aquellos primeros años de disfrute, pasé a una rigidez tan sólida que, durante al menos tres años, no pude escribir una palabra. Cuando me sentaba —porque nunca abandoné del todo la escritura— lo que sucedía era tan doloroso que tardaba mucho tiempo en volver a intentarlo: nada de lo que escribía valía la pena para esa crítica interna que había acampado en mi mente, incluso llegué a pensar en esa época que yo antes (es decir cuando era una niña o una adolescente) escribía mucho mejor y que se había acabado «mi momento» para escribir. Ahora que lo recuerdo, sonrío, ¡cómo no hacerlo!, pero en aquel entonces mi relación con la escritura se convirtió en un tormento.

En este estado, hay muchos alumnos de los talleres que abandonan, algunos porque dejan la escritura y otros porque no han sabido enfrentarse a la rigidez que conlleva enfrentarse a las limitaciones de uno mismo. En nuestra mente, todas las ideas son perfectas, pero a la hora de llevarlas al papel nos encontramos con nuestras torpezas humanas, que convierten esas grandes ideas en relatos mediocres. Aceptar esto no siempre es fácil.

Sin embargo, pasado un tiempo, si el aprendiz ha sido constante y obstinado, ese estado de solidez da paso, muy poquito a poco, al estado líquido. Esto es, esa bendita situación en la que ya hemos interiorizado las herramientas del escritor —que en el estado sólido creemos muchas e inabarcables, pero que en el líquido comprendemos que no son tantas— y volvemos a disfrutar como antaño de nuestra escritura. En verdad, a este estado se llega cuando uno se relaja y permite que los recursos pasen a ser algo importante pero no lo fundamental. El recurso narrativo no es otra cosa que el medio del que nos servimos para expresar una historia que contiene una idea que nos obsesiona y que queremos ofrecer a otros. Por tanto, lo importante nunca será el recurso, sino el fin que pretendemos. Darse cuenta de esto —no desde el intelecto, sino desde un plano emocional— sirve para relacionarse con las herramientas de una manera menos conflictiva.

Y, dime, ¿tú en que estado te encuentras: el gaseoso, el sólido o el líquido?

7 comentarios

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  1. Ana Vidal

    Pues Inés, yo he pasado el gaseoso, eso seguro, porque hice un taller de escritura creativa y después no pude escribir durante un tiempo, y lo que escribía no me gustaba, no digamos lo que sentía cuando leía cosas ya escritas en ese estado gaseoso. Luego retomé, con mil miedos y siempre sintiendo que no vale, pero curiosamente hubo quién me dijo “cada día escribes mejor” y me animó. Me costaba más, pero merecía la pena en la calidad, al menos a los demás. Me costó decidirme a hacer otro curso (en la Escuela de Fantasía) y me alegró liberarme de ataduras. Sería muy poco humilde decir que estoy en el líquido, la densidad se nota aún, pero voy desaprendiendo poco a poco, mientras aprendo también, y sobre todo, buscando mi voz, lo que espero sea otra de tus entradas, la búsqueda de la voz propia ;)
    Gracias, y perdona por el discursazo

    • ladydragon

      No hay nada que perdonar. Me gustan los discursos como este :).
      Es cierto que a veces los talleres pueden provocar esos miedos. Te entiendo, porque yo misma lo viví. También puedo decirte que, una vez pasas el estado sólido, la sensación es de puro orgullo: porque ahora ya sabes lo que sabes y sabes lo que no sabes, por lo que caminas con mucha más seguridad por la vía de la escritura :).
      Y, mira, ya que me lo pides, para la semana que viene escribiré sobre la búsqueda de la voz :).

  2. maria haydee

    Hola, Creo que estoy en el estado casi líquido después de haber pasado por el gaseoso que es tal cual lo describes . A pesar de que hace ya bastante tiempo que escribo. Me ha servido de mucho este discurso porque me abrió a la posibilidad de seguir escribiendo. Estoy pasando por un período en que siento que mi creatividad a florecido nuevamente, porque después de haber transitado durante un tiempo por talleres me alejé de ellos no pudiendo escribir ni una línea. En éste momento comencé de nuevo a escribir y salen cosas de las cuales me siento orgullosa. No se si he vuelto al estado gaseoso. Creo que no porque por lo menos ahora no me la creo.

    • ladydragon

      Si todavía te cuesta escribir, probablemente estés todavía en el sólido ;). De todas formas, esto tampoco es una ciencia exacta, lo que es seguro es que, si has interiorizado las herramientas de escritura, entonces no creo que sea posible que hayas regresado al gaseoso porque, una vez sabes lo que es la voz narrativa y cómo aplicarla, no puedes olvidarlo :).

      Gracias por pasarte por mi casa y dejar tu granito de arena.

  3. mabel

    Hola Ines yo realmente no se en que estado estoy ,nunca hice ningun taller asi que no se lo que es eso escribo desde niña solo que ahora de grande pude sacar a la luz mis conocimientos en escritura ,se que me falta mejorar mucho ,escribo para un periodico catolico o sea eso es todo espirtitual ,tengo unas antologias ,hago mil borradores a veces y otras escribo de una y no corrijo nada y otras veces no me conformo y hago arreglos y otras hasta cuando estan publicadas pienso en que quizas si le hubiera agregado o sacado hubiese quedaddo mejor ,en fin yo creo que tengo los tres estados o al menos paso por ellos cada vez que escribo o publico algo ,yo creo que no es inseguridad sino que uno quiere que el lector disfrute de la escritura entonces uno se exige para que todo este perfecto.En realidad pienso que los escritores escribimos con el corazon desde lo mas profundo de nuestro ser ,y cuando se escribe con el corazon los estados quedan de lado y la autocritica tambien!!

    • ladydragon

      Bueno, Mabel, en realidad de lo que yo hablo en esta entrada es de un proceso de aprendizaje, no de la escritura en sí misma, ni siquiera de la interpretación que podemos hacer sobre esa escritura o a la manera de enfrentarnos a este oficio.
      Los tres estados no se pueden dar al mismo tiempo, de la misma forma que el agua (pongamos aquella que contiene un vaso) no puede estar líquida, gaseosa y sólida a la vez. El hielo se puede estar derritiendo, pero aquella parte que se ha derretido ya ha dejado de ser hielo para convertirse en líquido :).

      Como le decía a María, gracias por pasarte por mi casa y dejar tu granito de arena.

  4. Marta Anducas

    Hola Inés,

    yo creo que estoy pasando del gaseoso al sólido. ¡Qué miedo! Me desanimo con facilidad en esto de escribir, me cuesta encontrar la inspiración… pero me gusta el estado este en qué una se mezcla con lo que escribe, lo vive, lo siente fluir… por eso no me permito rendirme ni desanimarme demasiado. Así que solo me queda una, ¡aprender! … y en eso estamos ;)

    Un abrazo,

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