Inés Arias de Reyna

El dominio del lenguaje escrito

Publicado por el 14 noviembre 2012 | 3 comentarios

A menudo me encuentro teniendo que convencer a algún alumno de la importancia de que domine el lenguaje escrito, suelo entonces tirar de metáforas con la pintura (los pinceles, la paleta de colores) o la música (el instrumento afinado).

En general, la ceguera del alumno que no ve esa relevancia probablemente se deba a que, en su fuero interno, sabe que no domina el lenguaje y no quiere esforzarse en aprender a utilizarlo bien, porque resulta costoso. Solemos creer que con lo que aprendimos en el colegio ya sabemos suficiente como para escribir cualquier cosa y me temo que esto no es así: en el colegio se enseña a redactar con soltura, no a impregnar a nuestros textos de un lenguaje poético.

En definitiva, ¿en qué consiste dominar el lenguaje escrito? Estriba en que apliquemos las normas de ortografía y ortotipografía, que nuestra sintaxis sea correcta, que conozcamos la morfología de las palabras, que tengamos un vocabulario rico, que sepamos utilizar el léxico con precisión y concisión, y que adaptemos con acierto los contextos extralingüísticos a nuestro discurso. Es decir que apliquemos bien la gramática de la lengua en la que escribimos.

¿De verdad necesitamos esto para narrar una buena historia? Cuando nuestros pinceles están limpios, la mezcla de colores es la idónea, la que buscamos conseguir. Lo contrario nos lleva al descontrol, es decir, a que nuestra obra artística dependa del azar (como la lluvia de Zóbel, que nos contaba Ángel Zapata en La práctica del relato); a veces, estará con nosotros la ventura, pero en muchas otras nos dará la espalda.

La utilización de una sintaxis correcta favorecerá la aplicación del ritmo narrativo (si manejas el orden lógico de las oraciones, sabrás trastocarlo, alargar o menguar las frases para acelerar o retardar el ritmo). El conocimiento de la morfología de las palabras es fundamental para dar un uso adecuado a las figuras retóricas, que serán las encargadas de enriquecer nuestra prosa y dotar a nuestro estilo de personalidad. La riqueza del vocabulario ayudará a lograr un estilo más depurado, proporcionará a la prosa mayor elegancia y dotará al discurso de precisión semántica. La pragmática aportará la connotación en símbolos y metáforas, por lo que nuestras tramas serán más profundas.

No se trata, pues, de que escribamos sin faltas de ortografía porque eso es lo que hay que hacer, como si un profesor de los tiempos de Maricastaña nos pusiera contra la pared y nos castigara con las orejas de burro. Más bien consiste en que entendamos la relación estrecha que hay entre el uso correcto del lenguaje y los recursos estilísticos y narrativos.

3 Comentarios

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  1. Mercedes

    Estupendo consejo, Inés, pero como bien dices es muy difícil manejar el lenguaje escrito, se requieren muchos años de experiencia y dedicación.

    Mil fantasías.

  2. Santiago

    Muy buen apunte el del ritmo.

    Saludos.

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