Lady Dragona

Inés Arias de Reyna

La corrección

Escrito por el 29 junio 2011 en De escritura en general, Destacados | 21 comentarios

Hace un par de viernes trabajé con mis alumnos del aula de Literatura Fantástica el tema de la corrección, cómo nos enfrentamos a ella y qué pasos conviene seguir (o no) a la hora de corregir un relato. Llegamos a una serie de conclusiones muy interesantes.

Mi primer consejo es que se le dé a los relatos un tiempo de descanso. Una relectura justo después de escribirlo ayuda al proceso de creación, pero no al de corrección, puesto que esta necesita de una distancia para ser útil. Cuando escribimos, estamos tan cerca de nuestros personajes, de la voz del narrador, del argumento, que apenas somos capaces de ver más allá de lo que creemos que hemos escrito. Y esto nos impide leer lo que hemos escrito realmente.

Así pues, el primer paso para llevar a cabo una buena corrección es la distancia. ¿Y qué mejor que el tiempo para lograr esta separación?

La pregunta inmediata sería cuánto tiempo hemos de esperar antes de lanzarnos contra el relato para pulirlo, corregirlo y obsesionarnos con cada una de las palabras que lo componen. Me gustaría dar una respuesta a esta cuestión, pero no la tengo. Depende del relato, del autor, del tema que ha tratado, de lo cerca que haya estado de algo que le duela o le remueva. Hay textos que se pueden corregir después de un par de horas de descanso tras la escritura del primer borrador; y otros que necesitan años de reposo en un cajón para que el autor pueda acometer la tarea con cierta objetividad.

Una vez hemos dejado al barbecho el relato, lo primero que haremos será releerlo. Según mi punto de vista, existen diferentes maneras de leer tus escritos una vez que los has terminado y algunas de ellas más eficientes que otras.

La primera que mencioné en clase fue la lectura en voz alta. Escuchar nuestra propia voz puede ayudar a localizar una serie de problemas de primer orden en el texto. Hicimos una lista de aquellas cosas en las que reparamos cuando leemos un texto en voz alta:

  • Cacofonías y rimas malsonantes.
  • Redundancias.
  • Problemas en el ritmo.
  • Fallos en la puntuación.

Una de las alumnas recomendó la impresión del relato. Entre todos llegamos a la conclusión de que leer el texto en papel nos ayuda a reconocer:

  • Faltas de ortografía.
  • Erratas de distinta índole.
  • Los campos semánticos trabajados.
  • La predominancia de adjetivos y nombres, sobre verbos y predicados.

En resumen, con este tipo de relecturas depuramos la redacción y entramos en los primeros pasos de la mejora del estilo. Además nos habrá ayudado a entrar en calor.

Cuando ya estamos concentrados en la corrección, llega el turno de la lectura crítica, en la que vamos a intentar localizar los puntos débiles de la narración.

Llegados a este momento, pregunté a los alumnos qué es lo siguiente que hacían. Uno de ellos contestó que empezaba a corregir allí donde le habían dicho que fallaba el texto. Es decir, partía desde la opinión ajena para acometer el trabajo de corrección. Un tema este muy interesante que trataré en un futuro. No obstante, matizo que creo que antes de comenzar con la opinión ajena hay que generar la propia (de ahí la importancia que establezco al tiempo de barbecho y a las relecturas reflexivas).

Un paso previo a la depuración de los recursos narrativos es enfocar nuestro oído a las frases bonitas. No tuve que mencionarlo yo en el aula, puesto que en seguida una de las alumnas lo sacó a la palestra. Hablamos entonces de cómo nos damos cuenta de esas frases con las que todo escritor se pelea (una lucha entre el ego, el perfeccionismo y la valoración de tus propias ocurrencias: qué bonita me ha quedado, sí pero no encaja en el relato, pero aporta algo; una canción a tres voces muy ilustrativa del funcionamiento de la mente escriba). De nuevo, llegamos a unas conclusiones que creo comunes a la mayor parte de los escritores. Nos damos cuenta de que estas frases bonitas sobran cuando:

  • Son incongruentes con el resto del texto.
  • Llaman demasiado la atención y distraen de lo importante.
  • Rompen el ritmo.
  • No mantienen el tono.
  • Resultan redundantes.
  • No aportan calidad o información.

La mayor parte de lo que tratamos en este debate, como se puede observar, tiene relación con el lenguaje escrito y con el estilo. No es casualidad —puesto que la tarea de corrección es compleja— que comencemos por las partes más tangibles, allá donde hay unas normas más o menos fáciles de seguir.

Cuando hemos terminado de depurar el estilo, suele ser el momento de comenzar con lo más puramente narrativo. Mi recomendación es seguir un esquema fijo, para tener un hilo al que volver cuando la tarea se haya vuelto obsesiva. Un escritor es perfeccionista por naturaleza (y si no lo es, suele significar que sus textos son de mala calidad), por lo que la corrección de un texto se puede convertir en un bucle sin salida: corriges y corriges y corriges, sin poner nunca punto y final a tu obra. De ahí que marcarse un camino, una serie de objetivos, suela ser una ayuda en ese remolino de perfeccionismo en el que entramos.

El esquema que propuse en clase fue el siguiente:

1. Comenzamos con una corrección puramente ortográfica (y ortotipográfica).

2. Repasamos y depuramos el estilo de la redacción, tal y como hemos visto a lo largo de esta entrada.

3. Analizamos la estructura: ¿el planteamiento contiene la información necesaria?, ¿está bien desarrollado el nudo?, ¿funciona el desenlace?

4. Nos fijamos ahora en los puntos de giro: ¿están bien delimitados el conflicto y el cambio?, ¿pertenecen a la trama o al argumento?, ¿hay más puntos de giro?, ¿son necesarios o efectos oportunistas?

5. Llegamos a los personajes: ¿hay usurpación de protagonismo?, ¿existe un exceso de personajes?, ¿todos cumplen una función narrativa?, ¿están bien caracterizados?, ¿son naturales sus voces?, ¿son coherentes entre lo que hacen y lo que dicen?

6. Nos adentramos ahora en la trama: ¿cuál es el tema que quería transmitir?, ¿cuál es el que he transmitido?,  ¿resulta demasiado explícito o, por el contrario, no queda claro?, ¿cómo se ha desarrollado la trama a lo largo de la historia?, ¿hay suficientes indicios o hay tantos que resultan explicativos?

7. Aquí llegamos a lo que yo considero uno de los momentos cruciales de cualquier corrección, y es lo que yo llamo el punto débil del autor. Todos tenemos un recurso que nos cuesta más que otros, por lo que conviene prestarle mayor atención. No es el mismo para todos los autores, ni siquiera es el mismo siempre para un autor, una vez que hemos asimilado un recurso, otro nos llama la atención, normalmente porque lo utilizamos mal (o no lo utilizamos). Este círculo no termina nunca (al menos hasta lo que yo sé como autora), por lo que siempre habrá un recurso que te cueste más que otros. Si lo dejas para el final, puedes darle el espacio que necesitas otorgarle si quieres aprender a manejarlo bien.

8. Esta será la última corrección (al menos en este esquema que propongo). El recurso que trabajaremos aquí será el punto débil del relato. Porque siempre tiene uno. Y en ocasiones lo vemos clarísimo (sabemos desde el principio qué falla en el texto), pero otras veces nos empeñamos en no verlo. La ceguera del autor es el motivo por el que muchos relatos no llegan a funcionar bien: el autor ha decidido ignorar (y aquí hay muchas razones para que suceda esto) el talón de Aquiles del relato. Si lo dejo para el final es porque, después de tantas correcciones, es posible que ya se haya asumido dónde falla de verdad el texto. Y, si no se ha visto, entonces se quedará en el cajón hasta que una luz se encienda en el escritor y decida, por fin, corregir el texto allá donde no funciona.

Somos cabezotas, los escritores, digo, pero también perseverantes. De ahí que uno no termine nunca de corregir sus textos y que, incluso después de publicados, quiera cambiarlos. Esto sucede, creo yo, porque, aunque ciegos, una luz encamina nuestros pasos para lograr que nuestros relatos sean lo mejor que hemos escrito, hasta el momento.

¿Y tú cómo abordar la corrección de tus textos?

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21 comentarios

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  1. Ilekham

    Realmente interesante, jefa. Esto va a mi carpeta de teoría necesaria. Aparte, ahí van un par de preguntas relacionadas con algo que mencionas en el post:
    Hay una sentencia que desde luego para otros aspectos no literarios la considero muy cierta -”lo óptimo es enemigo de lo bueno”-; en consecuencia, ¿se puede aplicar este dicho al escritor? ¿En qué momento se llegaría al “bueno” frente al “óptimo”?

    • ladydragon

      Pues no tengo muy claro que se deba medir la cosa desde ese punto de vista, Ilekham. El arte es una reeducación constante, uno crece con lo que está expresando en ese momento, de ahí que nunca esté contento co lo que hace al 100 % porque, cuando lo terminas, has aprendido cosas nuevas que podrías aplicar a eso mismo que acabas de terminar, y así hasta el fin de los días.
      El problema es que si no pones fin a esa rueda, no dejas espacio a lo nuevo. Y el arte también se nutre de lo nuevo, de las experiencias recién vividas, de lo que una ha comprendido sobre sí mismo o de aquello que todavía no entiende pero le está quemando. En definitiva, no creo que en arte haya nada óptimo, creo que en el arte hay que parar cuando uno no sabe sacar nada mejor a lo que tiene entre manos :). Es una especie de hartazgo o de vencimiento.

  2. Pedro Camacho

    Pues es verdad. La primera vez que releo lo escrito, suelo ver algunas expresiones, contenidos o incluso palabras que me chirrían y sé que tengo que cambiar. Sim embargo, cabezota yo, las obvio, por el mero hecho de ser mías. En posteriores lecturas, sin embargo, las tengo que quitar, rezongando por ser tan obstinado. Tenaces los escritores somos… tenaces por no decir cabezotas.
    Un saludo y gracias por tus sorbitos de conocimiento.

    • ladydragon

      La reticencia a la frase bonita ;). Sí, somos cabezotas los escritores. Y un poco soberbios también, que muchas veces mantenemos esas frases porque pensamos que son la releche. Hasta que nos damos cuenta de que no y las quitamos con las orejas gachas y un “jooooo, es que a mí me gustaban” :D.

  3. Santiago

    Menuda lección este post. Lo de leer en voz alta me ayuda a corregir mejor la puntuación y el ritmo. Hay un vídeo de Borges en Youtube donde habla del lenguaje oral y donde critica el lenguaje barroco, y si uno procura redactar de ese modo y luego lee en voz alta, pues parece que pasa doblemente el cepillo a la hora de corregir.

    Me voy a guardar en el enlace de tu post, Inés.

    Saludos.

  4. Sonia

    Hola, me llamo Sonia. Lo primero de todo, felicitarte por tu comentario acerca de la correción. Me pareció muy interesante y útil…:)
    Acabo de enterarme de que eres profesora de la escuela de fantasía, en la cual me matriculé hace poco para empezar las clases en septiembre ^^
    Te comento todo esto porque te hiciste seguidora de mi blog,lo que para mí es un honor^^ y ahora que sé que eres profesora de la escuela me gustaría que me resolvieras algunas dudas que tengo sobre el curso(son cortitas, no te preocupes)
    Aquí te dejo la dirección de mi blog para que te pongas en contacto conmigo http://bloglibroscinemusica.blogspot.com/
    ¡Mil gracias!

  5. Mercedes

    Son la dos de la madrugada y me tienes atrapada en la lectura del artículo, que es estupendo, por cierto. No sé cómo lo haces :))

  6. Mercedes

    Anoche estuve leyendo el artículo de la corrección y te hice un comentario, pero creo que no llegó porque eran las dos de la madrugada.
    Felicidades.
    Un artículo muy bueno.

    • ladydragon

      Llegó, pero no lo he aprobado hasta hoy, a partir de ahora tus comentarios aparecerán en el momento en el que lo escribas.
      Y que muchas gracias, yo tampoco sé muy bien cómo lo hago ;).

  7. dedal0

    Una pasada de artículo :)

  8. Rosa

    Pero qué buena eres!!! Me encantan estas clases on-line! :-) Son una gozada!! Me encantaría repetir curso contigo pronto. Si soy alumna de la Escuela ( T.N.) ¿puedo mandarte dudas al enlace de escueladefantasía.com que das más arriba? Son solo unas pocas…;-)
    Besos,
    Rosa

    • Inés Arias de Reyna

      Hola :). Muchas gracias por tus palabras, así da gusto ;). Dices que quieres repetir curso conmigo… ¿quiere decir eso que has sido alumna mía? Si es así, ¿qué Rosa eres?, que así solo por el nombre no te localizo :D.

      Si eres alumna de la escuela, puedes mandarme todas las dudas que tengas y más, que para eso estoy :-).

      Mil besos

  9. Rosa

    Yupi!! :-) Gracias, La Reina!!!!Hice un curso de El Gozo contigo hace un par de años y fue fantástico, de los mejores cursos que he hecho en la vida, de verdad. ¡Aprendí tanto tanto en un mes!!! No sé si puedo poner aquí mis datos (?) pero ya te escribiré al .com que pones más arriba.
    Muchísimas gracias, un beso
    Rosa.

  10. Rosa

    :-) ¿En serio ya me has localizado? Pero que listas son las dragonas, je je :-) Te escribo! ;-) Muchos besos,
    Rosa

  11. Servicios linguisticos

    Definitivamente cada vez que se corrige un texto tanto en su parte ortográfica como en su parte gramatical nos damos cuenta de la importancia de la relectura de un texto, ya que así nos daremos cuenta o detectaremos los posibles errores ortográficos, para así tener un texto más fluido y más agradable a la hora de leerlo.

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