Inés Arias de Reyna

La cuerda floja

Publicado por el 14 diciembre 2011 | 2 comentarios

Cuando comenzamos a leer un relato o una novela sabemos que es mentira, pero queremos creer que es verdad. Es un juego bonito y, al mismo tiempo, peligroso, como la cuerda floja de un circo: todos sabemos que estamos ante la invención de un escritor, pero no queremos que nos lo recuerden porque buscamos recrearnos en esa historia, olvidarnos de nuestra propia realidad y sumergirnos en la ficción.

Imagina esa cuerda floja que va de un extremo al otro de la carpa de un circo. Es muy fácil que nos caigamos de ella y más al principio si no estamos entrenados. Un buen trapecista sabe como mantenerse en equilibrio, pero aquel que está comenzando y que todavía tiembla al posar el pie en la cuerda tiene más posibilidades de caerse. Lo malo de esto es que, cuando escribimos ficción, no tenemos una red que nos salve de la caída: si un relato saca al lector de la ficción, ya no hay forma de que vuelva a ella.

Dicho de otra manera: si le recordamos al lector que lo que está leyendo no es verdad, ya no se lo va a creer. Por tanto, si empezamos un relato o cualquier texto narrativo diciendo que quien habla es un personaje inventado por un escritor, rompemos toda posibilidad de que el lector se meta de cabeza en la historia y se la crea.

 

2 Comentarios

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  1. tali

    Muy bueno, Inés.

    Otro problema es cuando el escritor introduce elementos tan poco creíbles, que piensas: “Venga ya”. Y cierras el libro porque sientes que se están burlando de tí.

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