Lady Dragona

Inés Arias de Reyna

«La dama del sudario», de Bram Stoker

Escrito por el 13 mayo 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Reseña de La dama del sudario, de Bram Stoker. Publicado por Valdemar en 1997 (la edición que analizo aquí corresponde con la 4ª ed. de 2004). Traducido por Bernardo Moreno Carrillo. 511 páginas. 13,10 €.

Sinopsis: Aunque Bram Stoker (1847-1912) debe principalmente la fama a su inmortal Drácula —obra aparecida hace cien años, el amante de la literatura fantástica no debe dejar de leer otras obras no menos inspiradas como La guarida del gusano blanco, El misterio del mar y, sobre todo, La dama del sudario, inédita hasta ahora en España.

La dama del sudario

Ambientada en un mítico país de los Balcanes, en los albores del siglo XX, la novela se nutre de correspondencias privadas, diarios, informaciones de prensa, para sumergirnos en una trama gótica llena de aventuras extrañas e inquietantes (como la aparición de la dama envuelta en un sudario), en la cual un joven de condición modesta se hace poseedor de una inmensa fortuna, a condición de establecerse en el castillo de Vissarion, enclavado en el brumoso y bárbaro País de las Montañas Azules.

Arranco mi sección de reseñas con esta obra que he terminado apenas hace una hora. Hablaré de las tres partes en las que he percibido que se dividía la obra:

1. En la primera, escuchamos la voz de un personaje avieso, Ernest, que con su discurso vil nos atrapa. Con este recurso, el autor nos presenta al protagonista de la novela desde los ojos de alguien que lo desprecia, con lo que consigue que el lector, en el momento en el que se da cuenta de la bajura moral de Ernest, da la vuelta a su discurso y lo reinterpreta. Admito que este juego me gustó mucho.

2. La segunda parte la cuenta el protagonista, Rupert, y trata de cómo llega a un país extranjero, en el que se instala tal como le pide su tío en el testamento en el que le lega una suma inconmensurable. En un castillo propio de las novelas góticas, el protagonista es visitado por una extraña mujer que no sabemos —tampoco Rupert— si es una vampiresa, un fantasma o una mujer de carne y hueso en apuros. Esta parte, típicamente gótica, es una historia de amor que a mí me ha cautivado.

3. A partir del descubrimiento de que la dama del sudario es en realidad Teuta, esta novela se transforma de una historia romántica de tintes góticos a una novela de aventuras, centrada en la construcción de un nuevo reino.

En esta parte, que me ha resultado aburrida y, en algunos puntos, insufrible, los diversos narradores (hay cartas, diarios, recortes de periódico, etc.) no dejan de ensalzar lo maravilloso que es todo, lo increíbles que son los personajes, lo fabuloso que es el nuevo reino, lo extraordinaria que es Gran Bretaña… De tan magnífico que es todo, uno deja de creerse lo que sucede y se distancia de la narración.

Por otro lado, la exaltación al papel sumiso que deben tener las mujeres me ha provocado un rechazo manifiesto hacia el discurso de los personajes —que se notan manipulados por el autor, que parecía muy interesado en dejar claro que el papel de la mujer debe estar relegado al de los hombres—. No traería a colación este tema si no me pareciera que es una evidencia de un discurso retrógrado que ataca directamente al movimiento feminista que ya había nacido en la época en la que La dama del sudario fue publicada (1909).

Por último, me gustaría hacer una mención sobre la edición que me ha parecido que no estaba bien cuidada: el índice interrumpe el prólogo en un descuido de maquetación que afea el resultado final; y la corrección ortotipográfica no me ha parecido bien llevada (el uso de las rayas como paréntesis en intervenciones de los personajes, hacía que, a veces, uno no supiera si lo que se dice entre las rayas era una acotación del narrador o seguían siendo palabras del personaje).

En resumen, esta novela ha despertado mi lado romanticón, con esos encuentros de los enamorados, ese castillo viejo, ese no saber si ella es un fantasma o una vampiresa, pero, al dejar a un lado el estilo gótico, al final la lectura me ha defraudado.

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