Lady Dragona

Inés Arias de Reyna

Libertad

Escrito por el 2 octubre 2013 en Una aventura empresarial | 1 comentario

Esta es la primera entrega del proyecto Una aventura empresarial, en el que cuento mis experiencias como empresaria.

Hace tres años realicé un proceso de coaching con Elisa Agudo.

En aquella época me empezaba a sentir fuerte y capaz de tomar mis propias decisiones, después de vivir una enfermedad larga y unos años siniestros donde la dependencia me había convertido en lo que no era. Por fin, entonces, me sentía con energía para hacer lo que me propusiera. Después de tantos años de carestía, escondida detrás de un montón de sufrimiento, podía ser lo que yo quisiera. Lo que siempre quise ser. Cualquier cosa. Eso pensaba.

En una de las sesiones con Elisa, recuerdo que llegué a la conclusión de que en el trabajo quería conseguir lo mismo que estaba logrando en mi vida personal: libertad. Llevábamos un buen rato hablando, Elisa en un sofá y yo en otro, en mi pequeño piso de Pedrezuela, donde me había ido a vivir tras separarme (sin separarme) de mi pareja. Se suponía que la libertad iba a estar tras la puerta de entrada de aquel pisito. Me temo que no fue así, pero esa es otra historia. En aquella sesión, de mediados de julio, en un momento dado me levanté y dije, exaltada, que lo que yo quería era libertad. Ahora, cuando recuerdo ese momento, me imagino vestida de escocés, con la cara pintada de azul, gritando “¡Libertad!”. Siempre he sido muy peliculera. Espero que se me disculpe la parodia.

Lo cierto es que el proceso de coaching terminó ese día, aunque todavía hubo, si mal no recuerdo, un par de sesiones más. Aquel día comprendí cuál era mi objetivo: independizarme. Fue un aprendizaje verdadero y honesto, pero que, me temo, no supe interpretar correctamente.

Ahora sé que en aquel momento lo que me tocaba era romper las relaciones dependientes que había establecido a lo largo de muchos años y crear nuevas relaciones interdependientes. El problema es que la interdependencia no llega hasta que uno no ha vivido la independencia. De ahí que en aquel momento creyera que lo que yo quería era montar mi propia empresa.

Ahora sé que lo que realmente necesitaba era limpiar la relación que había establecido con aquellos para los que trabajaba y mostrarles que ya no era la persona que había sido, que podían contar conmigo, que era una buena profesional que había pasado un mal momento, pero que ya estaba recuperada. Pero eso, claro, significa un esfuerzo hercúleo, porque te toca limpiar las chapuzas que hiciste, reconocer tu torpeza y tu falta de profesionalidad, y ganarte de nuevo la confianza de aquellos que habían perdido la fe en ti.

Era mucho más “fácil” romper con todo y montar mi propia empresa.

Tres años después, pienso que mejor me hubiera ido si me hubiera reconocido esto que ahora escribo. Quizá así me habría evitado un montón de problemas, ahora tendría un trabajo remunerado y más o menos fijo, y no habría arriesgado una de las amistades más hermosas que he tenido nunca.

Pero no sirve de nada lamentarse. De hecho, no lamento esos tres años porque montar mi propia empresa me ha permitido verme a mí misma, conocer mis limitaciones, reconocerme mis fortalezas, recuperar la confianza en mi profesionalidad y reforzar, como no creía posible, la relación con mi marido.

También me ha ayudado a limpiar esas relaciones corrompidas o, al menos, a dar los pasos necesarios para lograrlo. Las buenas amistades es lo que tienen que, a pesar del trabajo, uno puede recuperarlas si se empeña en conseguirlo.

Hoy he decidido que me apetece contar mi experiencia como empresaria, desde el mismo lugar desde el que cuento mi experiencia recuperándome de una enfermedad como la bulimia, esto es, desde la honestidad, reconociendo mis errores, pero también mis aciertos.

Un comentario

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  1. Elisa Agudo

    Ya sabía yo que seguirías creciendo, aprendiendo, enseñando, madurando, y en fin… avanzando hacia la mejor Inés que cada año eres!

    Y me alegra mucho que hayas encontrado finalmente tu libertad. Esa que todos alcanzamos un poquito al día y que nunca termina de conquistarse ;-)

    Sigue remando, pero sobre todo disfruta del camino!

    Un beso y hasta pronto

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