Inés Arias de Reyna

Reseñas

Reseñas

Mi opinión sobre algunas de las obras literarias que voy leyendo, siempre desde el respeto pero sin perder la búsqueda de la calidad.

Dice la RAE que la reseña es una “noticia y examen de una obra literaria o científica”. Por eso alguna vez es probable que se me escapen reseñas de obras no literarias porque también disfruto de la lectura de libros de historia, psicología, filosofía, política y, cómo no, teoría literaria, escritura creativa, crítica literaria o historia de la literatura.

Club de lectura: «Parientes pobres del diablo»

Publicado por el 15 febrero 2018 en Club de lectura, Destacados, Un año de autoras | 2 comentarios

Club de lectura: «Parientes pobres del diablo»

Ficha del libro

Autora: Cristina Fernández Cubas (1945-)

Título: Parientes pobres del diablo

Género: fantastique

Relatos incluidos: «La fiebre azul» (60 págs.), «Parientes pobres del diablo» (58 págs.), «El moscardón» (53 págs.)

Editorial: Tusquets

Año de edición: 2006

Páginas: 180

Precio: 14,00 €.

Sinopsis

He aquí tres historias en las que el lector difícilmente podrá escapar de su irresistible capacidad hipnótica. Un comerciante sufre en África los efectos de una extraña maldición al alojarse en un pequeño hotel en apariencia tranquilo y confortable. Un joven de buena familia decide emplear su tiempo y sus viajes en investigar una casta humana nacida para el mal, perfecta encarnación de lo diabólico. Una anciana suspicaz, temerosa de que sus familiares la ingresen en una residencia, atribuye a un «simpático» moscardón su alteración de rutinas y el reencuentro con viejas compañeras de colegio, con las que revive —¿o transforma?— escenas del pasado. Son tres relatos deliciosamente perturbadores en los que, como en las mejores historias de Henry James, las apariciones, los fantasmas o los sueños nos hablan no sólo de las interioridades más recónditas del individuo. También de los cambios irremediables en los que su vida se precipita.

En esta entrada vamos a hablar de Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas (si pinchas en el enlace, verás la semblanza que he elaborado sobre ella si aún no la conoces), dentro del marco de #UnAñoDeAutoras.

¿En qué consiste este club de lectura? Fácil, además de proponerte que te leas el libro ;), sugiero algunas preguntas que den pie a que charlemos sobre la obra en los comentarios de esta entrada. Estas cuestiones que formulo son solo un punto de partida: si quieres comentar cualquier otra cosa, aunque no respondas a mis preguntas, hazlo, por favor.

Cuando pinches en cada pregunta, verás que yo he dado ya una opinión, que es solo eso: mi opinión, mi impresión como lectora, tan válida como lo va a ser la tuya cuando la compartas conmigo :).

En definitiva, lo único que pretendo es generar un espacio en el que hablar de esta obra y, por qué no, de otras que nos la hayan recordado o de algún otro libro de esta autora.

Tú pregunta, que yo respondo

Vacío

¿Por qué en el Masajonia todas las habitaciones tienen el número siete?

La pregunta se refiere al relato «La fiebre azul», el primero de los tres que componen el tomo.

Creo que con este recurso, Cubas consigue matar dos pájaros de un tiro:

En primer lugar, nos despierta el interés, puesto que el hotel deja de ser un alojamiento habitual y se transforma en uno en el que las habitaciones no se distinguen por los números, sino por la forma de estos: «Hay sietes de latón, de madera, de hierro forjado, de arcilla... Hay sietes de todos los tamaños y para todos los gustos. Historiados, sencillos, vistosos y relucientes o deteriorados e incompletos». Esta descripción dice mucho del hotel y de la atmósfera que se vive en él y que respiraremos durante todo el texto.

En segundo lugar, crea ya un cierto extrañamiento en el lector no solo al hotel sino también al resto de la historia. Un primer paso para aceptar lo que va ir ocurriendo a lo largo de la historia. Digamos que es la primera vez que el lector en este texto se dice «qué raro». De esta forma, al final, de tantas cosas raras, aceptaremos el elemento fantástico, el que realmente rompe con la idea de realidad que tenemos y que transforma una historia realista (pintoresca, pero realista) en una fantástica.

¿Por qué crees que ambienta «La fiebre azul» en África?

Mi sensación es que decide llevarlo a ese paraje exótico y alejado para dar más credibilidad al elemento imposible, a ese maleficio inexplicable que es el Heliobut. La ambientación del áfrica negra vista por los ojos de un hombre blanco además ayuda también a construir la extrañeza por lo que ve, por las costumbres de los demás personajes, por el espacio mismo, lo que da pie a que aceptemos como corriente («será que allí es así») algo que en verdad es impropio.

¿Cuál es el giro que se produce al final del relato «Parientes pobres del diablo»?

Hasta ese momento (el del giro final) reconozco que la historia me estaba resultando hipnótica, pero un tanto aburrida (no llegaba a captar mi interés con la misma intensidad que el primer relato, que me dejó totalmente cautivada). Sin embargo, cuando me di cuenta de lo que se escondía agazapado entre líneas, cobró una dimensión mucho más interesante.

¡Cuidado! ¡Llega la destripa textos!

Si no has leído el relato, te recomiendo que no continúes la lectura, porque voy a destripar lo fundamental:

El giro que se produce es el de la percepción que teníamos hasta el momento de la protagonista. Nos ha ido mostrando cómo son los parientes pobres del diablo, que entre otras cosas ignoran que lo son, y que yo traduje (y esta es mi impresión personalísima) a esa gente tóxica, pero embaucadora, que, una vez te la quitas de encima, sientes un enorme alivio. Cuando llegamos al final, nos damos cuenta, al mismo tiempo que ella, de que la narradora y protagonista es una de esas personas.

¿Qué te ha parecido la protagonista del último relato?

En esta ocasión, me refiero a «El moscardón».

Por mi parte, tengo sentimientos encontrados con este personaje. Por un lado, me encanta encontrarme protagonistas femeninas de edad avanzada, que hayan superando los cincuenta, pero que no sean ancianas abuelitas o malvadas brujas. Es muy raro toparse con una mujer así en literatura. Por otro lado, me cayó mal desde el principio (y que creo que es la intención de la autora); y eso en sí mismo también es maravilloso, porque mujeres viejas, malhabladas, malencaradas, pero con aristas, con sus sombras y también sus luces, tampoco es habitual encontrárselas. En defintiva, personajes femeninos maduros, redondos, creíbles, verdaderos.

Algo parecido, por cierto, me ocurrió con Helena Guerraro, la protagonista de El color del silencio (2017), de Elia Barceló.

¿Es fantástico «El moscardón»?

Sin duda juega con los límites todo el tiempo: mezcla la ensoñación con la realidad, desdibujando sus fronteras. Nos muestra a una anciana con claros signos de demencia, que se entretiene en su propia soledad (apenas la visitan los sobrinos, a los que adora) viajando a lo que fue y lo que no fue su vida.

Yo diría que no es fantastique, porque no hay elemento imposible al final. No obstante, el juego entre los márgenes hace que podamos percibirla como tal, puesto que comparte muchos recursos propios del género.

¡Cuidado! ¡Llega la destripa textos!

Finalmente se muere, con una frase final bellísima: «Y reemprende el paso. Despacio. Muy despacio. No tiene prisa. Sabe que ya nadie se atreverá a interrumpir su sueño. El verano no ha hecho más que empezar. Y la noche, esta vez, no acabará nunca». Pero no nos desvela si Rubén ha ido o no con ella, tendremos que decidirlo cada uno de nosotros.

Desde luego, es un desenlace tierno (cómo no me va a despertar ternura esa anciana, aunque me haya caído mal durante el resto de la lectura) y duro al mismo tiempo (no me gustaría acabar tan sola, con los recuerdos y las fantasías tan mezclados que no reconozca dónde estoy; o sí, no sé, igual esta es una muerte más dulce que la de aquella persona que es consciente del proceso).

Semblanza de Cristina Fernández Cubas

Publicado por el 12 febrero 2018 en Destacados, Un año de autoras | 0 comentarios

Semblanza de Cristina Fernández Cubas

Cristina Fernández Cubas nació en un pueblo de la costa catalana, Arenys de Mar, hace setenta y tres años. Estudió en Barcelona Derecho y Periodismo, profesión esta última que ejerció hasta que decidió dedicarse en exclusiva a la literatura. Una dedicación que le ha servido para convertirse en uno de los referentes indiscutibles del relato en español. Es la maestra del cuento, de lo extraño y de lo inquietante. Publicó su primer libro de relatos en 1980, Mi hermana Elba, y, desde entonces, ha cosechado, además del aprecio del público y el reconocimiento de la crítica, galardones como el Premio Nacional de Narrativa (2016), Premio de la Crítica (2015), Senetil (2006) o el Ciudad de Barcelona (2009). Es, sin lugar a dudas, una de las voces más peculiares y fascinantes de la literatura española. Y escribe, sobre todo, literatura fantástica (fantastique).

Curiosidades:

  • Tuvo una niñera que le contaba cuentos de terror.
  • Cuando ejercía de periodista, vivió en El Cairo, Lima, Buenos Aires, París y Berlín.
  • En 1989 Cristina Andreu dirigió Brumal, película basada en Los altillos de Brumal.
  • Estuvo siete años sin publicar (salvo un recopilatorio de sus relatos) después de sufrir la pérdida de su marido.
  • Rompió ese silencio en 2013 con La puerta entreabierta, aunque decidió publicar bajo el seudónimo Fernanda Kubbs.
  • Sus obras han sido traducidas a diez idiomas.

Escucha la entrevista que le hicimos a la autora el periodista Rafa Turnes y yo misma, en el marco del  I Congreso Internacional Visiones de lo Fantástico, organizado por la Universidad Autónoma de Barcelona y celebrado en noviembre de 2012.

Bibliografía

Vacío

¿Por qué en el Masajonia todas las habitaciones tienen el número siete?

La pregunta se refiere al relato «La fiebre azul», el primero de los tres que componen el tomo.

Creo que con este recurso, Cubas consigue matar dos pájaros de un tiro:

En primer lugar, nos despierta el interés, puesto que el hotel deja de ser un alojamiento habitual y se transforma en uno en el que las habitaciones no se distinguen por los números, sino por la forma de estos: «Hay sietes de latón, de madera, de hierro forjado, de arcilla... Hay sietes de todos los tamaños y para todos los gustos. Historiados, sencillos, vistosos y relucientes o deteriorados e incompletos». Esta descripción dice mucho del hotel y de la atmósfera que se vive en él y que respiraremos durante todo el texto.

En segundo lugar, crea ya un cierto extrañamiento en el lector no solo al hotel sino también al resto de la historia. Un primer paso para aceptar lo que va ir ocurriendo a lo largo de la historia. Digamos que es la primera vez que el lector en este texto se dice «qué raro». De esta forma, al final, de tantas cosas raras, aceptaremos el elemento fantástico, el que realmente rompe con la idea de realidad que tenemos y que transforma una historia realista (pintoresca, pero realista) en una fantástica.

¿Por qué crees que ambienta «La fiebre azul» en África?

Mi sensación es que decide llevarlo a ese paraje exótico y alejado para dar más credibilidad al elemento imposible, a ese maleficio inexplicable que es el Heliobut. La ambientación del áfrica negra vista por los ojos de un hombre blanco además ayuda también a construir la extrañeza por lo que ve, por las costumbres de los demás personajes, por el espacio mismo, lo que da pie a que aceptemos como corriente («será que allí es así») algo que en verdad es impropio.

¿Cuál es el giro que se produce al final del relato «Parientes pobres del diablo»?

Hasta ese momento (el del giro final) reconozco que la historia me estaba resultando hipnótica, pero un tanto aburrida (no llegaba a captar mi interés con la misma intensidad que el primer relato, que me dejó totalmente cautivada). Sin embargo, cuando me di cuenta de lo que se escondía agazapado entre líneas, cobró una dimensión mucho más interesante.

¡Cuidado! ¡Llega la destripa textos!

Si no has leído el relato, te recomiendo que no continúes la lectura, porque voy a destripar lo fundamental:

El giro que se produce es el de la percepción que teníamos hasta el momento de la protagonista. Nos ha ido mostrando cómo son los parientes pobres del diablo, que entre otras cosas ignoran que lo son, y que yo traduje (y esta es mi impresión personalísima) a esa gente tóxica, pero embaucadora, que, una vez te la quitas de encima, sientes un enorme alivio. Cuando llegamos al final, nos damos cuenta, al mismo tiempo que ella, de que la narradora y protagonista es una de esas personas.

¿Qué te ha parecido la protagonista del último relato?

En esta ocasión, me refiero a «El moscardón».

Por mi parte, tengo sentimientos encontrados con este personaje. Por un lado, me encanta encontrarme protagonistas femeninas de edad avanzada, que hayan superando los cincuenta, pero que no sean ancianas abuelitas o malvadas brujas. Es muy raro toparse con una mujer así en literatura. Por otro lado, me cayó mal desde el principio (y que creo que es la intención de la autora); y eso en sí mismo también es maravilloso, porque mujeres viejas, malhabladas, malencaradas, pero con aristas, con sus sombras y también sus luces, tampoco es habitual encontrárselas. En defintiva, personajes femeninos maduros, redondos, creíbles, verdaderos.

Algo parecido, por cierto, me ocurrió con Helena Guerraro, la protagonista de El color del silencio (2017), de Elia Barceló.

¿Es fantástico «El moscardón»?

Sin duda juega con los límites todo el tiempo: mezcla la ensoñación con la realidad, desdibujando sus fronteras. Nos muestra a una anciana con claros signos de demencia, que se entretiene en su propia soledad (apenas la visitan los sobrinos, a los que adora) viajando a lo que fue y lo que no fue su vida.

Yo diría que no es fantastique, porque no hay elemento imposible al final. No obstante, el juego entre los márgenes hace que podamos percibirla como tal, puesto que comparte muchos recursos propios del género.

¡Cuidado! ¡Llega la destripa textos!

Finalmente se muere, con una frase final bellísima: «Y reemprende el paso. Despacio. Muy despacio. No tiene prisa. Sabe que ya nadie se atreverá a interrumpir su sueño. El verano no ha hecho más que empezar. Y la noche, esta vez, no acabará nunca». Pero no nos desvela si Rubén ha ido o no con ella, tendremos que decidirlo cada uno de nosotros.

Desde luego, es un desenlace tierno (cómo no me va a despertar ternura esa anciana, aunque me haya caído mal durante el resto de la lectura) y duro al mismo tiempo (no me gustaría acabar tan sola, con los recuerdos y las fantasías tan mezclados que no reconozca dónde estoy; o sí, no sé, igual esta es una muerte más dulce que la de aquella persona que es consciente del proceso).

Otras entrevistas realizadas en otros medios

En El País

Cristina Fernández Cubas: «Importa lo que se dice y lo que se oculta».

En Mercurio

«Un buen relato debe seducirte y suspender el tiempo a tu alrededor.»

En El Cultural

«Ítaca es un estado de ánimo.»

Próxima entrada en #UnAñoAutoras

«Más que humano», de Theodore Sturgeon

Publicado por el 11 enero 2014 en Destacados, Reseñas | 0 comentarios

«Más que humano», de Theodore Sturgeon
Ficha del libro

Autor: Theodore Sturgeon (1918-1985)

Título: Más que humano

Título original: More Than Human (1953)

Género: ciencia ficción prospectiva

Traductor: José Valdivieso

Editorial: Minotauro

Año de edición: 2008

Páginas: 240

Precio: 17,95 €.

Sinopsis

Más que humano es la historia de un grupo de personajes que no encuentran su papel en la sociedad. Lone es un ser solitario, pero todo cambia cuando encuentra a otros personajes tan solitarios como él. Junto a Janie, las mellizas Beanie y Bonnie y el bebé, y gracias a sus increíbles capacidades psíquicas, conformará un ser único, capaz de vivir apartado de un mundo al que no pertenece. Siguiendo la línea de la ciencia ficción más clásica, esta novela trata temas con un fuerte componente filosófico, como la soledad del hombre o lo que significa ser humano. También aborda un tema clave en la ciencia ficción del siglo XX: la evolución del hombre hacia una raza superior, argumento que luego desarrollarían autores como Arthur C. Clarke en su obra El fin de la infancia.

Antes de entrar en la opinión que me merece esta obra, me gustaría señalar que la edición me ha parecido poco cuidada. Salvo las tapas duras, que siempre se agradecen, el resto me ha resultado de una calidad inferior a la esperada en una edición de estas características. La portada me parece fea —no llego a entender a qué viene tanto tipografía (tres tipos diferentes para apenas cinco palabras)— y la corrección ortográfica y ortotipográfica deja mucho que desear en el interior: faltas de ortografía, puntuación arbitraria… La verdad es que Minotauro a estas alturas ya podría haber mejorado un poco su trabajo editorial, más allá de los títulos que publica, considero que esta editorial suele fallar en lo más básico.

Respecto a la obra, debo de admitir que era la primera vez que leía a Sturgeon. Escribió esta novela en 1953, en la corriente que se ha llamado Edad de Oro de la ciencia ficción; en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo se escribieron la mayoría de los que hoy en día consideramos clásicos del género. Y Más que humano es uno de ellos.

Me ha resultado pobre en argumento (la acción está fragmentada y los saltos temporales son, en mi opinión, demasiado bruscos), aunque la forma de caracterizar a los personajes y de describir las situaciones me ha cautivado lo suficiente como para pasar por alto que en la mayor parte de la lectura me sentía desubicada; una sensación que, en general, resulta irritante. En cada una de las tres partes de la obra, se plantea una situación que no se comprende del todo hasta casi el final, lo que hace que como lectora haya estado buena parte de la obra perdida. Ahora bien, como decía antes, consigue que la historia siga despertando interés gracias a las escenas y a los personajes que participan en ella.

Admito, por otro lado, que la idea del Homo Gestalt me ha atraído —esa concepción de un ser compuesto por varios seres que lo amplifican—, pero no he llegado a creérmelo como la evolución del ser humano; en esa parte de la especulación no he conseguido entrar, puesto que me ha parecido irreal y poco probable (no soy bióloga, pero la creencia de que la evolución de una especie se sustenta en la unión de varios de sus individuos no me ha funcionado). Sí que me ha interesado el planteamiento de que un ser no está del todo completo hasta que su parte moral no se engarza con las demás piezas.

En resumen, el fondo me ha obligado a reflexionar, los personajes y las escenas han sustentado mi interés en la lectura, pero la forma en la que está escrito no ha conseguido convencerme.

«El hombre invisible», de H. G. Wells

Publicado por el 11 enero 2014 en Destacados, Reseñas | 0 comentarios

«El hombre invisible», de H. G. Wells
Ficha del libro

Autor: H. G. Wells (1866-1946)

Título: El hombre invisible

Título original: The Invisible Man (1897)

Género: ciencia ficción maravillosa

Traductor: Julio Gómez de la Serna

Editorial: Anaya (colección Tus libros)

Año de edición: 2001

Páginas: 256

Precio: 13,40 €.

Sinopsis

Herbert George Wells utiliza sus «fantasías científicas» para criticar —siguiendo la tradición de Swift— las instituciones y debilidades humanas. El hombre invisible nos muestra las contradicciones de un joven y brillante científico que, tras largas jornadas de agotadores experimentos, descubre la forma de hacerse invisible. Sin embargo, trastornado por los sufrimientos y el acoso a que se ve sometido, abandona todo escrúpulo y trata de emplear su descubrimiento para enriquecerse y dominar, sin detenerse ante la violencia y el engaño. Novela fantástica y un tanto amarga, subraya los potenciales peligros de la ciencia.

Hace cosa de un mes, mantuve una charla con una de las personas que más admiro; frente a una chimenea que crepitaba con fuerza, recordamos nuestras lecturas de juventud. En seguida, acabamos conversando sobre Verne, Stevenson y Wells. Se nos llenaron los ojos y la boca del sentido de la maravilla con el que disfrutamos de niños gracias a las aventuras que escribían estos autores.

Me entró el gusanillo y decidí retomar a Wells y, de paso, leer un par de las obras que todavía no había leído de él. Empecé con El hombre invisible.

Fui a una de mis bibliotecas habituales y busqué la edición de Anaya, en la colección Tus libros, porque considero que es una de las mejores colecciones para iniciación a la lectura que se han conformado en nuestro país. No solo por los títulos, sino también por la belleza del libro en sí, las tapas duras, la letra, las notas (siempre cuidadas y enfocadas a un lector joven) y los estudios posteriores, que ayudan a ese lector a comprender al autor, su época y a reflexionar sobre la obra, pero que no aburren ni lo alejan sino que lo entretienen aprendiendo. Es una lástima que Anaya haya abandonado esta colección, aunque por suerte aún se pueden encontrar en librerías algunos de los últimos números.

El hombre invisible se lee rápido, porque en seguida te introduce en la aventura. Parte de la premisa de que un científico descubre la manera de hacerse invisible y que lo guarda como un secreto para poder beneficiarse. El protagonista es un hombre ruin y muy inteligente, que se ve corrompido por el poder que le otorga su nueva condición.

Me gustó en especial ver la manera en la que Wells construía la explicación científica y como representaba la actividad de un investigador a través de sus diversos experimentos. La secuencia del gato me hizo disfrutar de lo lindo.

Lo que más me llamó la atención fue la configuración de la voz narrativa. El narrador omnisciente conoce el pensamiento y el sentir de todos los personajes salvo el del protagonista, al que solo comprendemos a partir de la mirada de los demás; durante un par de capítulos cede la narración a Griffin, el hombre invisible, que le cuenta en primera persona a Kemp (un antagonista bueno) las hazañas que lo han llevado hasta donde está.

Sin duda, es un relato entretenido, que muestra los primeros pasos de una ciencia ficción que todavía está muy cercana a la aventura, pero que ya se encamina hacia la prospección. Es inevitable cuestionarse, durante la lectura de este libro, la relación entre la ciencia y la moral.

«La cena», de Herman Koch

Publicado por el 7 octubre 2013 en Reseñas | 1 comentarios

Reseña de La cena, de Herman Kock. Publicado por Salamandra en 2010. 288 páginas. 17,50 €.

Sinopsis: ¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir a un hijo que comete un delito injustificable? ¿Debe prevalecer el instinto de protección paterna, o la lealtad a unas normas sociales que garantizan la coherencia y la fortaleza del grupo? Estas y otras preguntas de igual calibre surgen como dardos durante la lectura de La cena, una novela ácida y provocadora que apunta sin miramientos a toda una clase social acomodada de los Países Bajos y, por extensión, de toda Europa, instalada en una inercia de autosatisfacción y complacencia, e indiferente hacia el devenir de la generación que ha de sucederla.

Dos parejas se han citado a cenar en un moderno y exclusivo restaurante de Ámsterdam. Mientras saborean el aperitivo y charlan con aparente despreocupación sobre la última película de moda y sus planes para las vacaciones, son conscientes de que, tarde o temprano, deberán abordar el incierto y acuciante asunto que los ha llevado a reunirse: el futuro de Michel y Rick, sus hijos de quince años, que según algunos indicios podrían estar envueltos en un caso de violencia grave. Así pues, tras los postres, cuando la cena llegue a sus últimos compases, la tensión entre los comensales habrá alcanzado su punto culminante y la cadena de secretos y revelaciones confluirán en un final dramático en el que nadie podrá esgrimir su inocencia.

Edición rústica.

 

Kock posee un estilo encomiable: claro, conciso, detallista, ágil, de lectura fluida. Aunque me chirriaron algunas transiciones, que me parecieron muy bruscas; cuando introduce una digresión o una retrospección (me acuerdo ahora del momento en el que nos lleva a Dordoña), el regreso a la acción principal me resultaba muy cortante. Pero este no deja de ser un detalle sin mayor importancia, que uno perdona gracias a que la historia le está resultando interesante. Y, desde luego, la historia atrapa.

No obstante, hay ciertas trampas del narrador que no me convencieron y con las que creo que el autor ha perdido una oportunidad para generar todavía más tensión y desagrado hacia sus personajes. Me da la sensación de que el autor no llega a explotar bien la idea que plantea su novela. Creo que pretendía que viéramos la historia a través de un personaje miserable y que, a partir de que nos diéramos cuenta de ello, reconstruyéramos la historia poniendo en tela de juicio lo que el mismo narrador cuenta, pero resulta demasiado brusco el momento en el que sabemos que el protagonista no está en su sano juicio; más que nada porque él lo dice de forma explícita. Es como si el autor nos hubiera arrebatado a los lectores ese momento delicioso en el que llegamos por nosotros mismos a la conclusión de que la persona a la que escuchamos es un indeseable. Hubiera preferido que no nos contara nada de su enfermedad o que lo hubiera hecho a través de indicios, que nos permitieran deducir por nosotros qué tipo de persona es este señor que nos está contando la historia.

Un narrador que cuenta las cosas con tanta claridad y determinación no parece el tipo que se callara lo que se calla: al menos soltaría alguna anticipación al lector sobre los hijos, incluso sobre sí mismo. Resulta, pues, poco creíble que no diga nada de lo que desvela a mitad de novela. Estoy prácticamente segura de que, si este narrador hubiera sido honesto desde el principio y desde la primera página supiéramos su secreto, la narración habría ganado en intensidad y el lector se habría visto envuelto en el juicio constante hacia esos personajes, que se comportan con tanta naturalidad, en una escena maliciosamente costumbrista. No nos habría quedado más remedio que replantearnos nuestra propia actuación si nos encontráramos en una situación semejante.

Por último, hasta la mitad de la novela el tono del narrador es, como dice la sinopsis, ácido y un tanto desenfadado, pero pasada la mitad cambia, se “agrava”, pierde el toque irónico y burlesco, para tomar un cáliz más oscuro.

En resumen, una historia que atrampa pero que pierde fuerza a causa de las trampas del narrador.

«Cenital», de Emilio Bueso

Publicado por el 30 septiembre 2013 en Reseñas | 2 comentarios

En junio de 2013 apareció el número 16 de la revista digital Hélice, en el que colaboré en una “Doble hélice”, donde hice un análisis genérico de la novela «Cenital», de Emilio Bueso.

¿Qué pasará en la sociedad española cuando el petróleo se acabe? Emilio Bueso parte de esta premisa tan contundente para contar la historia de Cenital. En este planteamiento, no hay cabida para el «qué pasaría si…»: se asume que el suceso ocurrirá más pronto que tarde y la novela pretende situarnos en ese momento. Esto obliga al lector a que se plantee las consecuencias del «pico del petróleo» y a que reflexione sobre este hecho: ¿Es posible que llegue? ¿Tendremos que volver a la subsistencia? ¿Cómo será el cataclismo? ¿Qué haría yo si me tocara vivirlo? ¿Sería capaz de soportarlo?

Reconozco que cogí con ganas el libro porque me apetecía explorar esa posibilidad a través de una obra de ficción. Pero me temo que no pude sumergirme en la propuesta. Hubo un momento en el que dejó de ser relevante la prospección para que tomaran protagonismo ciertas fallas narrativas que no conseguí pasar por alto.

 

Seguir leyendo en pág. 77

 

Libros de la Feria

Publicado por el 3 junio 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Este sábado estuve en la Feria del Libro de Madrid y estos fueron los libros que adquirí y que espero leerme (y probablemente reseñar) en los próximos meses:

— Escribir ficción: guía práctica de la famosa escuela de escritores de Nueva York, de Gotham Writers’ Workshop; Alexander Steele, ed. (Alba).

Me lo he comprado por trabajo, evidentemente ;).

Intriga y suspense: el gancho invisible, de María José Codes (Alba).

Este también es por trabajo (de hecho, espero sacar muy buenas ideas de él para el microtaller sobre género negro que estoy preparando). Pero también porque la autora es una amiga a la que admiro.

Visión ciega, de Peter Watss (Bibliopolis).

Este libro me lo recomendó Luis G. Pardo cuando le pregunté qué libro de ciencia ficción me recomendaría. Fue muy amable en su respuesta y en la pequeña charla que mantuvimos.

Cómo escribir ciencia ficción y fantasía, de Orson Scott Card (Alamut).

También por trabajo. Llevaba ya tiempo esperando a que saliera en español esta obra, que ya me leí en inglés. No estoy de acuerdo en cómo plantea los talleres de escritura creativa, ni en la forma de entender el oficio de escritor (muy yanqui para mi gusto, qué le voy a hacer), pero tiene puntos más que interesantes :).

—Antes del futuro imperfecto, de Medardo Fraile (Páginas de Espuma).

Lo leí de prestado y me apetecía tenerlo.

—La vida ausente, de Ángel Zapata (Páginas de Espuma).

Pues lo mismo que el anterior: lo leí de prestado y me apetecía tenerlo en mi biblioteca.

— Un amor, de Dino Buzzati (Gadir).

La traducción es de Carlos Manzano, al que sigo la pista desde que leí su versión de Por la parte de Swann, y que hasta el momento no me ha defraudado.

En cuanto al autor, qué os voy a decir: adoro a Buzzati y esta no me la he leído todavía :).

— En Marruecos, de Edith Warthon (Pre-Textos).

Me gusta la editorial, que mantiene los mínimos de calidad que han de exigírsele a cualquier sello, y admiro muchísimo a la autora, que descubrí hace relativamente poco y que de los dos libros que he leído de ella he sacado tanto que me será difícil olvidarlos.

Henry y Cato, de Iris Murdoch (Impedimenta).

Después de pasar un rato hablando sobre Cartarescu, al que no he leído pero que mi pareja sí y que ha disfrutado tanto como el propio Enrique Redel, editor de Impedimenta, le pedí a Pilar Andón, también editora del mismo sello, que me recomendara una obra potente de una escritora. De la manera en la que habló de este libro, no pude resistirme.

El marinero de Gibraltar, de Marguerite Duras (Cabaret Voltaire).

Ya nos íbamos e intentábamos no mirar más casetas para no caer en la tentación, porque nos habíamos pasado ya cuatro libros del límite que nos habíamos impuesto, cuando mis ojos cayeron sobre este. Qué os puedo decir, no sé resisitirme a ciertos autores y Duras es uno de ellos. Tuve que comprármelo porque es la única novela de la autora que no había sido editada en español hasta ahora. Por cierto, los editores de Cabaret Voltaire me cayeron muy bien: si me convence su trabajo, no será este el último libro que les compre.

«Un viejo que leía novelas de amor», de Luis Sepúlveda

Publicado por el 27 mayo 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Reseña de Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Publicado por Tusquets en 1993. 144 páginas. 12 €.

Sinopsis: Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor —«del verdadero, del que hace sufrir» que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez. En ellas intenta alejarse un poco de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la selva porque van armados hasta los dientes pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado las crías. Descritas en un lenguaje cristalino, escueto y preciso, las aventuras y las emociones del viejo Bolívar Proaño difícilmente abandonarán nuestra memoria.

Este libro lo leí por el club de lectura que dirijo en la Biblioteca Pública de Hortaleza, en Madrid. Este grupo de mujeres ávidas de lecturas, con las que comparto una sesión de dos horas cada quince días y con las que disfruto de charlas cada día más interesantes sobre la literatura y la vida en general, eligieron esta obra para cerrar el trimestre pasado.

Debo admitir que la tomé con cierta desidia y con bastantes más prejuicios de los que debería, pero también me veo obligada a confesar que la desidia se me difuminó nada más comenzar y que disfruté de este libro.

Me parece una obra de lectura ágil, que te lleva de viaje al Amazonas y a un mundo que resulta exótico y lejano para un europeo, pero que, al mismo tiempo, se percibe con cierta cercanía, no tanto por los personajes variopintos, sino por la manera tan directa y al tiempo evocadora con la que escribe Luis Sepúlveda.

Hubiera agradecido, eso sí, que puliera el estilo que me pareció un tanto descuidado, por la cantidad de cacofonías y redundancias que se encuentran a lo largo de sus páginas.

De esta obra, destaco dos cosas: la dulzura con la que caracteriza a unos personajes que viven en un entorno tan duro como bello; y la relación que establece entre el hombre y la naturaleza, un canto a la comprensión de nuestro hábitat no como un lugar del que aprovecharnos sino de un espacio del que formar parte como uno más.

«Tormenta de espadas», de George R. R. Martin

Publicado por el 20 mayo 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Reseña de Tormenta de espadas, de George R. R. Martin. Publicado por Gigamesh en 2005 (la edición que analizo aquí corresponde con la 3ª ed. de 2013). Traducido por Cristina Macía. 1118 páginas. 30,40 €.

Sinopsis: Las huestes de los fugaces reyes de Poniente, descompuestas en hordas, asuelan y esquilman una tierra castigada por la guerra e indefensa ante un invierno que se anuncia inusitadamente crudo. Las alianzas nacen y se desvanecen como volutas de humo bajo el viento helado del Norte. Ajena a las intrigas palaciegas, e ignorante del auténtico peligro en ciernes, la Guardia de la Noche se ve desbordada por los salvajes. Y al otro lado del mundo, Daenerys Targaryen intenta reclutar en las Ciudades Libres un ejército con el que desembarcar en su tierra.

Martin hace que lo imposible parezca sencillo. Tormenta de espadas confirma Canción de hielo y fuego como un hito de la fantasía épica. Brutal y poética, conmovedora y cruel, la magia de Martin, como la del mundo de Poniente, necesita apenas una pincelada para cautivar al lector, hacerlo reír y llorar, y conseguir que el asombro ceda paso a la más profunda admiración por la serie.

A pesar de no haber reseñado las dos anteriores novelas de Canción de hielo y fuego, me lanzo con este tercer libro de la saga por ser en el que, en la actualidad, se basa la serie de televisión Juego de Tronos y porque me lo he releído hace poco para tenerlo más reciente antes de ver la serie ;).

A mi modo de ver en esta novela se aúnan lo mejor y lo peor de Martin. A este autor se le da muy bien la ambientación y la caracterización de personajes, así como los diálogos, que son brillantes: naturales, ágiles, directos, en los que rara vez no avanza la acción o no se caracteriza de una forma magnífica a algún personaje.

Ahora bien, el abuso constante del final abrupto de capítulo, que deja casi la mayoría de estos en mitad de una escena crucial para la trama del personaje que lo protagoniza, ha hecho que, en mi caso, me llegara a cabrear por tantas interrumpciones. Creo que este exceso consigue que el recurso en cuestión empobrezca el resultado en vez de producir mayor tensión. Uno termina de leer los capítulos con ganas de seguir la lectura de esa escena, pero se ve obligado a sumergirse en otra historia distinta, con otro personaje distinto, lo que produce una frustración que aparece a cada final de capítulo. Es cierto que Martin consigue que se te olvide según te sumes en la siguiente trama; pero llega un momento que la acumulación de finales frustrantes resulta demasiado elevada. Unos cuantos finales de capítulo menos efectistas hubieran sido de agradecer.

Por otro lado, hay también un exceso de tramas secundarias que están complicando cada vez más que el lector siga sin necesidad de Wikipedia lo que ocurre en la novela. Igual no le hubiera venido mal que aligerara en páginas y en personajes secundarios.

No quiero terminar sin destacar algunas escenas magistrales, como la de la Boda Roja o la de Nido de Águilas. También me gustaría recalcar la evolución de dos personajes: Lord Nieve, que ha dejado de ser el insulso Jon Nieve del segundo volumen; y Jaime Lannister, que ha abandonado la superficialidad para adoptar un tono amargo que me ha parecido muy interesante.

En resumen, una obra que adolece del abuso de un recurso con el que el autor se ha sentido demasiado cómodo, pero de lectura cómoda y entretenida, así como un disfrute en el seguimiento de ciertos personajes y su evolución.

«La dama del sudario», de Bram Stoker

Publicado por el 13 mayo 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Reseña de La dama del sudario, de Bram Stoker. Publicado por Valdemar en 1997 (la edición que analizo aquí corresponde con la 4ª ed. de 2004). Traducido por Bernardo Moreno Carrillo. 511 páginas. 13,10 €.

Sinopsis: Aunque Bram Stoker (1847-1912) debe principalmente la fama a su inmortal Drácula —obra aparecida hace cien años, el amante de la literatura fantástica no debe dejar de leer otras obras no menos inspiradas como La guarida del gusano blanco, El misterio del mar y, sobre todo, La dama del sudario, inédita hasta ahora en España.

La dama del sudario

Ambientada en un mítico país de los Balcanes, en los albores del siglo XX, la novela se nutre de correspondencias privadas, diarios, informaciones de prensa, para sumergirnos en una trama gótica llena de aventuras extrañas e inquietantes (como la aparición de la dama envuelta en un sudario), en la cual un joven de condición modesta se hace poseedor de una inmensa fortuna, a condición de establecerse en el castillo de Vissarion, enclavado en el brumoso y bárbaro País de las Montañas Azules.

Arranco mi sección de reseñas con esta obra que he terminado apenas hace una hora. Hablaré de las tres partes en las que he percibido que se dividía la obra:

1. En la primera, escuchamos la voz de un personaje avieso, Ernest, que con su discurso vil nos atrapa. Con este recurso, el autor nos presenta al protagonista de la novela desde los ojos de alguien que lo desprecia, con lo que consigue que el lector, en el momento en el que se da cuenta de la bajura moral de Ernest, da la vuelta a su discurso y lo reinterpreta. Admito que este juego me gustó mucho.

2. La segunda parte la cuenta el protagonista, Rupert, y trata de cómo llega a un país extranjero, en el que se instala tal como le pide su tío en el testamento en el que le lega una suma inconmensurable. En un castillo propio de las novelas góticas, el protagonista es visitado por una extraña mujer que no sabemos —tampoco Rupert— si es una vampiresa, un fantasma o una mujer de carne y hueso en apuros. Esta parte, típicamente gótica, es una historia de amor que a mí me ha cautivado.

3. A partir del descubrimiento de que la dama del sudario es en realidad Teuta, esta novela se transforma de una historia romántica de tintes góticos a una novela de aventuras, centrada en la construcción de un nuevo reino.

En esta parte, que me ha resultado aburrida y, en algunos puntos, insufrible, los diversos narradores (hay cartas, diarios, recortes de periódico, etc.) no dejan de ensalzar lo maravilloso que es todo, lo increíbles que son los personajes, lo fabuloso que es el nuevo reino, lo extraordinaria que es Gran Bretaña… De tan magnífico que es todo, uno deja de creerse lo que sucede y se distancia de la narración.

Por otro lado, la exaltación al papel sumiso que deben tener las mujeres me ha provocado un rechazo manifiesto hacia el discurso de los personajes —que se notan manipulados por el autor, que parecía muy interesado en dejar claro que el papel de la mujer debe estar relegado al de los hombres—. No traería a colación este tema si no me pareciera que es una evidencia de un discurso retrógrado que ataca directamente al movimiento feminista que ya había nacido en la época en la que La dama del sudario fue publicada (1909).

Por último, me gustaría hacer una mención sobre la edición que me ha parecido que no estaba bien cuidada: el índice interrumpe el prólogo en un descuido de maquetación que afea el resultado final; y la corrección ortotipográfica no me ha parecido bien llevada (el uso de las rayas como paréntesis en intervenciones de los personajes, hacía que, a veces, uno no supiera si lo que se dice entre las rayas era una acotación del narrador o seguían siendo palabras del personaje).

En resumen, esta novela ha despertado mi lado romanticón, con esos encuentros de los enamorados, ese castillo viejo, ese no saber si ella es un fantasma o una vampiresa, pero, al dejar a un lado el estilo gótico, al final la lectura me ha defraudado.

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