Lady Dragona

Inés Arias de Reyna

Reseñas

Reseñas

Mi opinión sobre algunas de las obras literarias que voy leyendo, siempre desde el respeto pero sin perder la búsqueda de la calidad.

Dice la RAE que la reseña es una “noticia y examen de una obra literaria o científica”. Por eso alguna vez es probable que se me escapen reseñas de obras no literarias porque también disfruto de la lectura de libros de historia, psicología, filosofía, política y, cómo no, teoría literaria, escritura creativa, crítica literaria o historia de la literatura.

«La cena», de Herman Koch

Escrito por el 7 octubre 2013 en Reseñas | 1 comentario

Reseña de La cena, de Herman Kock. Publicado por Salamandra en 2010. 288 páginas. 17,50 €.

Sinopsis: ¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir a un hijo que comete un delito injustificable? ¿Debe prevalecer el instinto de protección paterna, o la lealtad a unas normas sociales que garantizan la coherencia y la fortaleza del grupo? Estas y otras preguntas de igual calibre surgen como dardos durante la lectura de La cena, una novela ácida y provocadora que apunta sin miramientos a toda una clase social acomodada de los Países Bajos y, por extensión, de toda Europa, instalada en una inercia de autosatisfacción y complacencia, e indiferente hacia el devenir de la generación que ha de sucederla.

Dos parejas se han citado a cenar en un moderno y exclusivo restaurante de Ámsterdam. Mientras saborean el aperitivo y charlan con aparente despreocupación sobre la última película de moda y sus planes para las vacaciones, son conscientes de que, tarde o temprano, deberán abordar el incierto y acuciante asunto que los ha llevado a reunirse: el futuro de Michel y Rick, sus hijos de quince años, que según algunos indicios podrían estar envueltos en un caso de violencia grave. Así pues, tras los postres, cuando la cena llegue a sus últimos compases, la tensión entre los comensales habrá alcanzado su punto culminante y la cadena de secretos y revelaciones confluirán en un final dramático en el que nadie podrá esgrimir su inocencia.

Edición rústica.

 

Kock posee un estilo encomiable: claro, conciso, detallista, ágil, de lectura fluida. Aunque me chirriaron algunas transiciones, que me parecieron muy bruscas; cuando introduce una digresión o una retrospección (me acuerdo ahora del momento en el que nos lleva a Dordoña), el regreso a la acción principal me resultaba muy cortante. Pero este no deja de ser un detalle sin mayor importancia, que uno perdona gracias a que la historia le está resultando interesante. Y, desde luego, la historia atrapa.

No obstante, hay ciertas trampas del narrador que no me convencieron y con las que creo que el autor ha perdido una oportunidad para generar todavía más tensión y desagrado hacia sus personajes. Me da la sensación de que el autor no llega a explotar bien la idea que plantea su novela. Creo que pretendía que viéramos la historia a través de un personaje miserable y que, a partir de que nos diéramos cuenta de ello, reconstruyéramos la historia poniendo en tela de juicio lo que el mismo narrador cuenta, pero resulta demasiado brusco el momento en el que sabemos que el protagonista no está en su sano juicio; más que nada porque él lo dice de forma explícita. Es como si el autor nos hubiera arrebatado a los lectores ese momento delicioso en el que llegamos por nosotros mismos a la conclusión de que la persona a la que escuchamos es un indeseable. Hubiera preferido que no nos contara nada de su enfermedad o que lo hubiera hecho a través de indicios, que nos permitieran deducir por nosotros qué tipo de persona es este señor que nos está contando la historia.

Un narrador que cuenta las cosas con tanta claridad y determinación no parece el tipo que se callara lo que se calla: al menos soltaría alguna anticipación al lector sobre los hijos, incluso sobre sí mismo. Resulta, pues, poco creíble que no diga nada de lo que desvela a mitad de novela. Estoy prácticamente segura de que, si este narrador hubiera sido honesto desde el principio y desde la primera página supiéramos su secreto, la narración habría ganado en intensidad y el lector se habría visto envuelto en el juicio constante hacia esos personajes, que se comportan con tanta naturalidad, en una escena maliciosamente costumbrista. No nos habría quedado más remedio que replantearnos nuestra propia actuación si nos encontráramos en una situación semejante.

Por último, hasta la mitad de la novela el tono del narrador es, como dice la sinopsis, ácido y un tanto desenfadado, pero pasada la mitad cambia, se “agrava”, pierde el toque irónico y burlesco, para tomar un cáliz más oscuro.

En resumen, una historia que atrampa pero que pierde fuerza a causa de las trampas del narrador.

«Cenital», de Emilio Bueso

Escrito por el 30 septiembre 2013 en Reseñas | 2 comentarios

En junio de 2013 apareció el número 16 de la revista digital Hélice, en el que colaboré en una “Doble hélice”, donde hice un análisis genérico de la novela «Cenital», de Emilio Bueso.

¿Qué pasará en la sociedad española cuando el petróleo se acabe? Emilio Bueso parte de esta premisa tan contundente para contar la historia de Cenital. En este planteamiento, no hay cabida para el «qué pasaría si…»: se asume que el suceso ocurrirá más pronto que tarde y la novela pretende situarnos en ese momento. Esto obliga al lector a que se plantee las consecuencias del «pico del petróleo» y a que reflexione sobre este hecho: ¿Es posible que llegue? ¿Tendremos que volver a la subsistencia? ¿Cómo será el cataclismo? ¿Qué haría yo si me tocara vivirlo? ¿Sería capaz de soportarlo?

Reconozco que cogí con ganas el libro porque me apetecía explorar esa posibilidad a través de una obra de ficción. Pero me temo que no pude sumergirme en la propuesta. Hubo un momento en el que dejó de ser relevante la prospección para que tomaran protagonismo ciertas fallas narrativas que no conseguí pasar por alto.

 

Seguir leyendo en pág. 77

 

Libros de la Feria

Escrito por el 3 junio 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Este sábado estuve en la Feria del Libro de Madrid y estos fueron los libros que adquirí y que espero leerme (y probablemente reseñar) en los próximos meses:

— Escribir ficción: guía práctica de la famosa escuela de escritores de Nueva York, de Gotham Writers’ Workshop; Alexander Steele, ed. (Alba).

Me lo he comprado por trabajo, evidentemente ;).

Intriga y suspense: el gancho invisible, de María José Codes (Alba).

Este también es por trabajo (de hecho, espero sacar muy buenas ideas de él para el microtaller sobre género negro que estoy preparando). Pero también porque la autora es una amiga a la que admiro.

Visión ciega, de Peter Watss (Bibliopolis).

Este libro me lo recomendó Luis G. Pardo cuando le pregunté qué libro de ciencia ficción me recomendaría. Fue muy amable en su respuesta y en la pequeña charla que mantuvimos.

Cómo escribir ciencia ficción y fantasía, de Orson Scott Card (Alamut).

También por trabajo. Llevaba ya tiempo esperando a que saliera en español esta obra, que ya me leí en inglés. No estoy de acuerdo en cómo plantea los talleres de escritura creativa, ni en la forma de entender el oficio de escritor (muy yanqui para mi gusto, qué le voy a hacer), pero tiene puntos más que interesantes :).

—Antes del futuro imperfecto, de Medardo Fraile (Páginas de Espuma).

Lo leí de prestado y me apetecía tenerlo.

—La vida ausente, de Ángel Zapata (Páginas de Espuma).

Pues lo mismo que el anterior: lo leí de prestado y me apetecía tenerlo en mi biblioteca.

— Un amor, de Dino Buzzati (Gadir).

La traducción es de Carlos Manzano, al que sigo la pista desde que leí su versión de Por la parte de Swann, y que hasta el momento no me ha defraudado.

En cuanto al autor, qué os voy a decir: adoro a Buzzati y esta no me la he leído todavía :).

— En Marruecos, de Edith Warthon (Pre-Textos).

Me gusta la editorial, que mantiene los mínimos de calidad que han de exigírsele a cualquier sello, y admiro muchísimo a la autora, que descubrí hace relativamente poco y que de los dos libros que he leído de ella he sacado tanto que me será difícil olvidarlos.

Henry y Cato, de Iris Murdoch (Impedimenta).

Después de pasar un rato hablando sobre Cartarescu, al que no he leído pero que mi pareja sí y que ha disfrutado tanto como el propio Enrique Redel, editor de Impedimenta, le pedí a Pilar Andón, también editora del mismo sello, que me recomendara una obra potente de una escritora. De la manera en la que habló de este libro, no pude resistirme.

El marinero de Gibraltar, de Marguerite Duras (Cabaret Voltaire).

Ya nos íbamos e intentábamos no mirar más casetas para no caer en la tentación, porque nos habíamos pasado ya cuatro libros del límite que nos habíamos impuesto, cuando mis ojos cayeron sobre este. Qué os puedo decir, no sé resisitirme a ciertos autores y Duras es uno de ellos. Tuve que comprármelo porque es la única novela de la autora que no había sido editada en español hasta ahora. Por cierto, los editores de Cabaret Voltaire me cayeron muy bien: si me convence su trabajo, no será este el último libro que les compre.

«Un viejo que leía novelas de amor», de Luis Sepúlveda

Escrito por el 27 mayo 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Reseña de Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Publicado por Tusquets en 1993. 144 páginas. 12 €.

Sinopsis: Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor —«del verdadero, del que hace sufrir» que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez. En ellas intenta alejarse un poco de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la selva porque van armados hasta los dientes pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado las crías. Descritas en un lenguaje cristalino, escueto y preciso, las aventuras y las emociones del viejo Bolívar Proaño difícilmente abandonarán nuestra memoria.

Este libro lo leí por el club de lectura que dirijo en la Biblioteca Pública de Hortaleza, en Madrid. Este grupo de mujeres ávidas de lecturas, con las que comparto una sesión de dos horas cada quince días y con las que disfruto de charlas cada día más interesantes sobre la literatura y la vida en general, eligieron esta obra para cerrar el trimestre pasado.

Debo admitir que la tomé con cierta desidia y con bastantes más prejuicios de los que debería, pero también me veo obligada a confesar que la desidia se me difuminó nada más comenzar y que disfruté de este libro.

Me parece una obra de lectura ágil, que te lleva de viaje al Amazonas y a un mundo que resulta exótico y lejano para un europeo, pero que, al mismo tiempo, se percibe con cierta cercanía, no tanto por los personajes variopintos, sino por la manera tan directa y al tiempo evocadora con la que escribe Luis Sepúlveda.

Hubiera agradecido, eso sí, que puliera el estilo que me pareció un tanto descuidado, por la cantidad de cacofonías y redundancias que se encuentran a lo largo de sus páginas.

De esta obra, destaco dos cosas: la dulzura con la que caracteriza a unos personajes que viven en un entorno tan duro como bello; y la relación que establece entre el hombre y la naturaleza, un canto a la comprensión de nuestro hábitat no como un lugar del que aprovecharnos sino de un espacio del que formar parte como uno más.

«Tormenta de espadas», de George R. R. Martin

Escrito por el 20 mayo 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Reseña de Tormenta de espadas, de George R. R. Martin. Publicado por Gigamesh en 2005 (la edición que analizo aquí corresponde con la 3ª ed. de 2013). Traducido por Cristina Macía. 1118 páginas. 30,40 €.

Sinopsis: Las huestes de los fugaces reyes de Poniente, descompuestas en hordas, asuelan y esquilman una tierra castigada por la guerra e indefensa ante un invierno que se anuncia inusitadamente crudo. Las alianzas nacen y se desvanecen como volutas de humo bajo el viento helado del Norte. Ajena a las intrigas palaciegas, e ignorante del auténtico peligro en ciernes, la Guardia de la Noche se ve desbordada por los salvajes. Y al otro lado del mundo, Daenerys Targaryen intenta reclutar en las Ciudades Libres un ejército con el que desembarcar en su tierra.

Martin hace que lo imposible parezca sencillo. Tormenta de espadas confirma Canción de hielo y fuego como un hito de la fantasía épica. Brutal y poética, conmovedora y cruel, la magia de Martin, como la del mundo de Poniente, necesita apenas una pincelada para cautivar al lector, hacerlo reír y llorar, y conseguir que el asombro ceda paso a la más profunda admiración por la serie.

A pesar de no haber reseñado las dos anteriores novelas de Canción de hielo y fuego, me lanzo con este tercer libro de la saga por ser en el que, en la actualidad, se basa la serie de televisión Juego de Tronos y porque me lo he releído hace poco para tenerlo más reciente antes de ver la serie ;).

A mi modo de ver en esta novela se aúnan lo mejor y lo peor de Martin. A este autor se le da muy bien la ambientación y la caracterización de personajes, así como los diálogos, que son brillantes: naturales, ágiles, directos, en los que rara vez no avanza la acción o no se caracteriza de una forma magnífica a algún personaje.

Ahora bien, el abuso constante del final abrupto de capítulo, que deja casi la mayoría de estos en mitad de una escena crucial para la trama del personaje que lo protagoniza, ha hecho que, en mi caso, me llegara a cabrear por tantas interrumpciones. Creo que este exceso consigue que el recurso en cuestión empobrezca el resultado en vez de producir mayor tensión. Uno termina de leer los capítulos con ganas de seguir la lectura de esa escena, pero se ve obligado a sumergirse en otra historia distinta, con otro personaje distinto, lo que produce una frustración que aparece a cada final de capítulo. Es cierto que Martin consigue que se te olvide según te sumes en la siguiente trama; pero llega un momento que la acumulación de finales frustrantes resulta demasiado elevada. Unos cuantos finales de capítulo menos efectistas hubieran sido de agradecer.

Por otro lado, hay también un exceso de tramas secundarias que están complicando cada vez más que el lector siga sin necesidad de Wikipedia lo que ocurre en la novela. Igual no le hubiera venido mal que aligerara en páginas y en personajes secundarios.

No quiero terminar sin destacar algunas escenas magistrales, como la de la Boda Roja o la de Nido de Águilas. También me gustaría recalcar la evolución de dos personajes: Lord Nieve, que ha dejado de ser el insulso Jon Nieve del segundo volumen; y Jaime Lannister, que ha abandonado la superficialidad para adoptar un tono amargo que me ha parecido muy interesante.

En resumen, una obra que adolece del abuso de un recurso con el que el autor se ha sentido demasiado cómodo, pero de lectura cómoda y entretenida, así como un disfrute en el seguimiento de ciertos personajes y su evolución.

«La dama del sudario», de Bram Stoker

Escrito por el 13 mayo 2013 en Reseñas | 0 comentarios

Reseña de La dama del sudario, de Bram Stoker. Publicado por Valdemar en 1997 (la edición que analizo aquí corresponde con la 4ª ed. de 2004). Traducido por Bernardo Moreno Carrillo. 511 páginas. 13,10 €.

Sinopsis: Aunque Bram Stoker (1847-1912) debe principalmente la fama a su inmortal Drácula —obra aparecida hace cien años, el amante de la literatura fantástica no debe dejar de leer otras obras no menos inspiradas como La guarida del gusano blanco, El misterio del mar y, sobre todo, La dama del sudario, inédita hasta ahora en España.

La dama del sudario

Ambientada en un mítico país de los Balcanes, en los albores del siglo XX, la novela se nutre de correspondencias privadas, diarios, informaciones de prensa, para sumergirnos en una trama gótica llena de aventuras extrañas e inquietantes (como la aparición de la dama envuelta en un sudario), en la cual un joven de condición modesta se hace poseedor de una inmensa fortuna, a condición de establecerse en el castillo de Vissarion, enclavado en el brumoso y bárbaro País de las Montañas Azules.

Arranco mi sección de reseñas con esta obra que he terminado apenas hace una hora. Hablaré de las tres partes en las que he percibido que se dividía la obra:

1. En la primera, escuchamos la voz de un personaje avieso, Ernest, que con su discurso vil nos atrapa. Con este recurso, el autor nos presenta al protagonista de la novela desde los ojos de alguien que lo desprecia, con lo que consigue que el lector, en el momento en el que se da cuenta de la bajura moral de Ernest, da la vuelta a su discurso y lo reinterpreta. Admito que este juego me gustó mucho.

2. La segunda parte la cuenta el protagonista, Rupert, y trata de cómo llega a un país extranjero, en el que se instala tal como le pide su tío en el testamento en el que le lega una suma inconmensurable. En un castillo propio de las novelas góticas, el protagonista es visitado por una extraña mujer que no sabemos —tampoco Rupert— si es una vampiresa, un fantasma o una mujer de carne y hueso en apuros. Esta parte, típicamente gótica, es una historia de amor que a mí me ha cautivado.

3. A partir del descubrimiento de que la dama del sudario es en realidad Teuta, esta novela se transforma de una historia romántica de tintes góticos a una novela de aventuras, centrada en la construcción de un nuevo reino.

En esta parte, que me ha resultado aburrida y, en algunos puntos, insufrible, los diversos narradores (hay cartas, diarios, recortes de periódico, etc.) no dejan de ensalzar lo maravilloso que es todo, lo increíbles que son los personajes, lo fabuloso que es el nuevo reino, lo extraordinaria que es Gran Bretaña… De tan magnífico que es todo, uno deja de creerse lo que sucede y se distancia de la narración.

Por otro lado, la exaltación al papel sumiso que deben tener las mujeres me ha provocado un rechazo manifiesto hacia el discurso de los personajes —que se notan manipulados por el autor, que parecía muy interesado en dejar claro que el papel de la mujer debe estar relegado al de los hombres—. No traería a colación este tema si no me pareciera que es una evidencia de un discurso retrógrado que ataca directamente al movimiento feminista que ya había nacido en la época en la que La dama del sudario fue publicada (1909).

Por último, me gustaría hacer una mención sobre la edición que me ha parecido que no estaba bien cuidada: el índice interrumpe el prólogo en un descuido de maquetación que afea el resultado final; y la corrección ortotipográfica no me ha parecido bien llevada (el uso de las rayas como paréntesis en intervenciones de los personajes, hacía que, a veces, uno no supiera si lo que se dice entre las rayas era una acotación del narrador o seguían siendo palabras del personaje).

En resumen, esta novela ha despertado mi lado romanticón, con esos encuentros de los enamorados, ese castillo viejo, ese no saber si ella es un fantasma o una vampiresa, pero, al dejar a un lado el estilo gótico, al final la lectura me ha defraudado.

Cinco libros para niños

Escrito por el 17 marzo 2013 en Reseñas | 6 comentarios

Javi de Ríos ha planteado en Twitter a varios blogueros que escribamos una entrada con los cinco libros que nos gustaría que leyeran nuestros hijos. No los tengo todavía —los hijos, quiero decir—, pero, cuando los tenga, estos serán los cinco libros (entre muchos otros) que les animaré a que lean.

Marcabrú y la hoguera de hielo, de Emilio Teixidor. Es uno de los libros que mejores recuerdos me traen, porque fue uno de los primeros que me descubrió el sentido de la maravilla. Aquel trovador que viajaba por España se me quedó grabado en el alma, hasta el punto de que, todavía hoy, me recuerda lo que quiero ser de mayor: trovadora. Me abrió el apetito por la Historia y por las novelas históricas, de las que he sido lectora desde entonces.

El misterio de la isla de Tökland, de Joan Manuel Gisbert. Creo que debía de tener once años, más o menos, cuando leí esta novela. Si la de Teixidor me despertó el hambre de Historia, esta lo hizo con las novelas de misterios. También me produjo un impacto enorme por la aventura en sí misma. Me gustó lo de meterme en una isla e ir descifrando enigmas. Sigo siendo, por su culpa, una loca de los rompecabezas. Ambas novelas me impulsaron a escribir porque, al leerlas, se me despertó el deseo de contar historias parecidas. Todavía quiero hacerlo.

Rafael Alberti para niños. La poesía fue lo primero que leí y espero que sea lo último que lea antes de morir. En estas listas no se suele introducir libros de poesías a pesar de que, si hay algo que les gusta a los niños, son las rimas. Ignoro si esta edición (Ediciones de la torre, 1985) está disponible hoy en día, imagino que no; una pena porque contiene una selección de poesías de Alberti que a cualquier niño le gustaría leer o escuchar (creo que es un libro perfecto para que el padre o la madre se lo lea en voz alta a sus hijos). Sé que este libro se lo enseñaré a mis hijos como la joya que es porque contiene una dedicatoria de Alberti tan especial como inolvidable es el recuerdo del día en el que, con apenas seis añitos, me acerqué a la caseta de la Feria del Libro de Madrid, donde firmaba sus libros, y sin que pudiera ver de mí más que la coronilla le espeté: “Tú eres el Poeta”. Se río con ojos de pilluelo y me llamó “sobrina” y me pintó un gato en el libro. Ese día se selló mi destino de trovadora. Sus poemas todavía los leo a escondidas, en las noches de silencios, para recordarme la niña que fui… la niña que soy.

Cuentos por teléfono, de Gianni Rodari. Los leía cada noche durante años, estos y los Cuentos para jugar y los Cuentos escritos a máquina. Nunca me cansé de leerlos. Me despertaban la imaginación de tal forma que mis sueños se llenaban de toda la fantasía del mundo. Si hay un culpable de que sea escritora y profesora de literatura fantástica, ese es Gianni Rodari. Espero que a mis hijos les inculque lo que yo aprendí de él: que la fantasía nos hace libres.

Agnes Cecilia, de Maria Gripe. Me cuesta explicar por qué me gusta tanto este libro. Tiene que ver con la evocación, con la vida que se va, pero que puede volver, con la conciencia de que podemos estar viviendo la vida que otros no pudieron disfrutar. Desde niña me han aterrado los fantasmas, tanto como me han fascinado las apariciones. La relación entre el mundo de los muertos y el de los vivos, el que se puedan entremezclar, me subyuga. Pero no es solo por eso por lo que Agnes Cecilia ha sido uno de los libros (infantiles) que más me marcaron. También tiene que ver con el olor de las casas viejas, con las maderas que crujen al andar los pasillos largos, por el sol que inunda desde ventanales de cristales añejos. Y por el misterio, la indagación de vidas pasadas, por la idea de que, después de muerto, alguien pueda interesarse por tu vida y, más allá incluso, que uno pueda ser importante para los demás en la vida y en la muerte.

Dejo otros tres en mención especial. No los he añadido por dos razones: por archiconocidos y porque Mónica Basterrechea, otra de las personas que han participado en la iniciativa, incluyó dos de ellos en la lista :).

Momo, de Michael Ende. No recuerdo cuando fue la primera vez que lo leí, porque ya lo he devorado tantas veces que me cuesta precisar cuál de mis recuerdos leyéndolo es el más antiguo. Momo me enseñó que no importa ser un bicho raro si lo que te mueve es el buen corazón. Casiopea me convenció de que el tiempo es mi aliado.

Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. Hablando de sentido de la maravilla. Otro de los libros que me ayudaron a confiar en que mis fantasías no eran inútiles. Si hubo algo que me emocionó de este relato, que siempre me pareció rarito ;), fue la historia de los cuatro abuelos. Desde entonces me obsesiona la idea de la pobreza, de cómo la felicidad supera a los dineros y de lo injusto que es que cuatro ancianos duerman en una misma cama.

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Me pasa como con Momo, no recuerdo cuándo fue la primera vez que lo leí. «¿Quién es tu rosa?». Me pregunto muy a menudo y, cuando encuentro la respuesta, me recuerdo que a las rosas de uno hay que cuidarlas, hay que tratarlas como los seres especiales que son para ti, no dejar que olviden cuán necesarias son en tu vida. «¿Estás viendo un sombrero o una boa que se ha comido a un elefante?». Esta también es una pregunta constante en mi vida. No quiero que las apariencias escondan las realidades que mis ojos pueden no estar viendo.

¿Y tú qué libros leerías/lees a tus hijos?