Lady Dragona

Inés Arias de Reyna

«Sammy», de Hugo Camacho

Escrito por el 3 octubre 2013 en Cazando talentos | 2 comentarios

«Sammy», de Hugo Camacho

Todas sus amigas lo tenían y hablaban auténticas maravillas de él. Al principio era como un secreto, como algo que todo el mundo sabía pero que no aparecía en los grandes medios. De repente, un día se topó con un artículo en El País. No en la Cuore ni la Glamour, en El País. Tenía que ser algo serio. Sara se había planteado comprarlo también en aquel momento, pero le daba vergüenza. Hasta que aquella mañana vio un anuncio en televisión que decía que lo vendían en la Fnac y que ya eran nosecuántas mujeres en todo el mundo que lo tenían. No recordaba haber visto antes anunciar un vibrador de manera tan explícita y a esas horas. Definitivamente tendría que ser verdad todo lo que decían de él. No pudo aguantar más y después del trabajo salió corriendo a comprarlo. Le sorprendió ver que no era la única en la cola con el Sammy, pues así se llamaba el artilugio, y antes de que llegara su turno ya había compartido varias miradas de complicidad con otras mujeres que también esperaban para pagarlo.

Ilustración de Karin Quiroga.

Llegó a casa bastante excitada. Era la primera vez que iba a usar un vibrador y tanta era la anticipación por descubrir cuáles eran aquellos placeres que tanta gente estaba experimentando que ya en el autobús se había notado algo húmeda. ¿Cuándo había sido ella tan pervertida? Apenas se reconocía en ese nuevo yo tan picante, pero se dijo que daba igual, que solo se vive una vez. Así que después de lavar el Sammy entró en su habitación, bajó la persiana por si acaso, se desnudó, se puso los auriculares y lo conectó a su iPhone. Era genial que el artilugio aquel vibrara según el ritmo de la música, pero prefirió empezar por una canción lentita. Untó bien el apéndice grande del Sammy con lubricante y se sorprendió con la facilidad con la que entró en su vagina. Sabía que estaba excitada pero… ¿tanto?

Ya daba igual. Todo daba igual. Lo que le habían dicho era verdad. Lo que decían en el artículo y en el anuncio de televisión era verdad. Y más. Aquel bichito de silicona se contoneaba en su interior al ritmo pausado de la música y parecía acariciar hasta el último rincón. Era tan suave, los movimientos eran tan sensuales que por un momento se preguntó si con una persona sería capaz de sentir algo parecido. Tenía un motor separado para acariciarle el punto G que la estaba haciendo polvo y el apéndice que se había acoplado sobre su clítoris la estaba matando con aquel movimiento circular constante y esa presión tan firme. Sentía cómo se activaban todas y cada una de las terminaciones de su sistema nervioso; era como si de repente hubiese tomado conciencia plena de su cuerpo gracias al placer que se extendía como una marea imparable. No iba a tardar en llegar el primer orgasmo y ni si quiera había tenido que fantasear con nadie.

Ilustración de Karin Quiroga.

Cuando estaba a punto de estallar de placer, oyó una voz que le hablaba por los auriculares:

—Hola. Muchas gracias por adquirir el nuevo vibrador Sammy.

No se lo podía creer. ¿No podía ser más inoportuno? La cortada de rollo que sentía era casi ofensiva.

—A partir de este momento en el que ya sois cincuenta millones de mujeres las que lo habéis adquirido en todo el mundo va a empezar a cumplir la función para la que fue creado. No te asustes.

En ese momento el Sammy empezó a realizar presión, juntando un apéndice contra el otro, aprisionando su vagina en una fuerte pinza. Forcejeó para extraérselo pero le fue imposible.

—No intentes quitártelo. Presta atención: irás a tu banco y sacarás todo el dinero de tus cuentas. Pero no te preocupes, el dinero es tuyo y no te pediremos que se lo entregues a nadie. Luego convencerás a todas las personas que conozcas para que retiren sus depósitos bancarios. Conocerás el resultado de esta acción por las noticias, si no es el que esperamos, el Sammy inutilizará los centros de placer que te ha estado estimulando. Para siempre. Nunca más serás capaz de disfrutar con tus relaciones sexuales. Si en veinticuatro horas el efecto es el que deseamos, el Sammy liberará su pinza y tú podrás disfrutar del mejor vibrador jamás diseñado sin miedo a que esto vuelva a suceder. Bienvenida a la revolución y muchas gracias por hacerla posible.

Sammy
Hugo Camacho

[Relato elaborado en el Microtaller de Ciencia Ficción, en julio de 2013.]

2 comentarios

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  1. Hugo

    Muchas gracias por publicarlo aquí, no sabes lo feliz que me hace. Espero que los lectores lo disfruten y lo hagan suyo.

  2. Santiago

    Muy bueno, Hugo. El final es un “knockout”.

    Un saludo.

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  1. Mi relato “Sammy” en “Lady Dragón” - [...] LEEDLO AQUÍ. [...]

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